La Elegida: Secretos de una Vida Oculta

Capítulo 21: CLEO

Una locura se apodera de mí, siento como quema la ira dentro de mi cuerpo, el deseo de matar crece con cada latido de mi corazón. Ya no pienso, ya no veo nada solo al maldito que sostienen la espada ensangrentada en la mano y solo siento el cuerpo frio de mi madre sobre mis brazos. No es justo, nada de todo esto lo es.

Dejo con cuidado su cuerpo en el suelo, y miro a Evans inmenso odio. — Ya que lo que andas buscando es poder. — soy hostil, y lo reto, —¡Ven y tómalo! ¡Vamos Evans! ¡Ven!

Ya ni siquiera soy consciente de todo los par de ojos que me miran, solo veo a mi madre muerta en el suelo y a Evans con la espada en la mano, y la sangre de mi madre goteando de ella. Me hierbe la sangre, las células de mi cuerpo se alocan por querer cambiar y arrancarle la cabeza del cuerpo a ese hombre.

—Demian, toma el cuerpo de mi madre y a Akira. Llévatelas. ¡Váyanse todos! — le ordeno sin darle la oportunidad de responder.

No aguardo otro segundo más y me transformo frente a él, frente a todos. —¡Nadie se meta!, — hablo a través conexión a mi manada que acecha más allá de las sombras por orden mía, siento como su ira aumenta al saber que la mujer que lo dirigió por más de diez años ha muerto.

—¡Pero, Cleo…! — Demian intenta persuadirme. Pero le interrumpo antes que pueda decir algo más. No quiero que nadie me quiete el placer de matarlo.

—¡He dicho que te las lleves!, — grito y cuando creo que solo sonó en mi cabeza me doy cuenta que todos me miran a un más con asombro, la voz salió de mi lobo, eso jamás había sucedido. — No quiero que nadie se quede en este lugar. — le ordeno a mi manada.

El poder que estoy canalizando en mi cuerpo es aún más abrumador que las ansias que tengo por matar, eso me da el acceso que tengo para hablar aun en mi forma lobuna.

Evans me mira fascinado, eso le hace desear aún más mi poder y lo que poseo. Lo anhela tanto que el ver lo que puedo hacer, ilumina su rostro como el de un niño con su juguete nuevo. Puedo ver la codicia en sus ojos, puedo vero el deseo por más poder, la emoción en su rostro me ocasiona un inmenso asco, ha matado a mi padre por su maldito deseo de ganar.

Se ríe con malicia y me mira con rabia, — ¿Un lugar seguro, dices? — se ríe con más fuerza, —¡Eres demasiado ingenua!, — eleva las manos hacia los lados, y una sonrisa ladeada se dibuja en su rostro, — Siéntelo Cleo, siente que estas rodeada.

Lo miro pavonearse por todo el lugar, mientras los demás se marchan como lo ordene. Estoy quieta en lo que él se pasea alegremente por el claro, pensando que ya me ha ganado y que estoy atrapada en la trampa que me ha puesto.

Cuando veo que estamos completamente solos, camino lentamente hacia él. Mis instintos asesinos están a flor de piel, y se percata de que voy hacia su ligar con la clara intención de matar, él se queda inmóvil mirándome fijamente a los ojos, sigo caminando, cada paso es una tortura para el que se ve tan pequeño baño mi enorme pequeño y para mí que controlo con toda la fuerza de mi voluntad, las inmensas ganas de matar.

Ahora soy yo la que se ríe, lo que sale en un gruñido ronco, desde el fondo de mi garganta. — Creo que el que debería de darse cuenta, que está solo. Eres tú. — mi tono es hostil y feroz acompañado de una risa sarcástica y burlona —¡Todos los que trajiste contigo, están muertos! — le muestro mis enormes colmillos con rabia contenida, y sigo avanzando lentamente, pero ahora él se mueve, un paso atrás. — Huélelo, Evans. Su putrefacta sangre, derramándose a tu alrededor.

Su rostro cambia cuando se da cuenta, que es verdad. Ahora está solo. Tan solo como un perro callejero. Lo que es una ironía de la vida. Me rio internamente al ver en sus ojos como desaparece su prepotencia y se transforma miedo, cobardía. Su ojos se ensanchan cuando me veo sobre él, mirándolo con ferocidad. Babeo en su cara, y se encoge al ver que no tiene el espacio ni el tiempo para transformarse.

—Ahora, te are pagar la muerte de mi madre. — le digo en un susurro.

Sin darle el tiempo de reaccionar, lo tomo por el cuello y lo lanzo hacia el tronco de un árbol con tanta fuerza y claramente oigo sus huesos crujir, y el que sea un hombre lobo me da la ventaja para torturarlo todo lo que yo quiera, ya que sana rápidamente. Ya nadie será capaz de detenerme ahora que lo tengo donde quiero. Avanzo donde está retorciéndose de dolor, y no lo dejo que sane que su cuerpo se recuperé, lo tomo ahora por el hombro y lo lanzo hacia otro árbol, y repito la misma acción una y otra, y otra vez hasta que me canso.

Reconozco que es un hombre fuerte, no he escuchado salir un grito de su boca. Eso es valiente. Camino nuevamente hacia él, y le pongo la pata en cima recargándole todo mi peso, escucho como los huesos de su torso crujen al quebrarse por la fuerza que ejerzo, un pequeño quejido sale de sus labios y eso hace que mi adrenalina se dispare.

—¡Mátame! — grita con desespero.

Lo giro en el suelo para que me mire, y vuelvo a posar mis patas sobre su pecho ejerciendo aún más fuerza. Lo miro con profunda rabia, —¡No! — grito con autoridad.

—¡Mátame, Cleo!

—¡No!

Lo tomo por las piernas y lo arrastro hasta el centro del lugar, lo levanto y luego lo azoto en el suelo con brusquedad, lo levanto y lo azoto, tantas veces que el hombre ya casi esta inconsciente.




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