Salgo de la mansión con la única decisión de recuperar lo que por cobardía y orgullo he alejado. Tomo mi motocicleta que hace semanas no conduzco, me monto en ella, enciendo el motor que ruge debajo de mí, y me introduzco sobre la gran serpiente de asfalto que se despliega frente a mí, el aire invernal es cada vez más frio con el invierno llegando a la ciudad.
El bosque está cada vez más silencioso como si cada bestia, ave y animal se refugiara de los terrores de la noche.
En mi mente hay una inmensa tormenta de pensamientos, y mientras conduzco por la ciudad puedo sentir el sabor de sus labios sobe los míos, el calor de su piel, el arma que emana de su cuerpo, e imagino sus hermosos ojos mirándome con esa dulzura y admiración que hacen que se iluminen cual mar en calma, puedo ver dibujada sobre su boca una enorme sonrisa de oreja a oreja.
La imagino siendo traviesa y animada como siempre, y ser tan pegajosa y tierna como me gusta que sea. Escucho su suave voz y no evito sonreír.
Antes de salir Paul y mi padre me confesaron que ella es la que se está haciendo cargo de la empresa desde el día que la heche de la mansión, no puedo creer que haya hecho algo así a mis espaldas, pero según la idea fue de mi mayordomo y de Demian, pero debería de agradecérselos, porque ahora se hasta donde tengo que ir directamente.
Esquivo los autos con agilidad y precisión, manteniendo la velocidad constante, una serpiente de luces rojas y rosas se mueve frente a mi mientras avanzo cada vez más cerca de mi destino, mi corazón se acelera, tenso el puño sobre el manubrio y mantengo el rumbo.
Tres calles antes, puedo ver el gigantesco edificio con el letrero que lleva las iniciales de mi familia y siento un escalofrió recorrer mi espina dorsal, y los nervios a flor de piel, por la incertidumbre de si me perdonara por cometer semejante estupidez, pienso en la posibilidad de que me rechace y siento como mi pecho se contraer en mi interior. Amenoro la velocidad cuando llego frente al edificio, el guardia me ve y rápidamente reconoce mi motocicleta, se acerca hasta mi para recibirme.
Detengo la motocicleta en la acera frente al edificio, me quito el casco y recibo el saludo del guardia, —¡Bienvenida joven!, — me saluda elocuentemente el hombre.
—Gracias. —le digo mientras observo el edifico y me pregunto si ella está ahí, —Dime, ¿la señorita Akira está en su oficina? — le pregunto en lo que entrego en su mano mi casco y mis llaves.
El hombre asiente, con eso me introduzco en el edifico.
Camino con determinación hacia la oficina principal, mis pasos resonando en el silencio del edificio. La empresa se erguía como un gigante de vidrio y acero a mi alrededor, su interior un laberinto de pasillos y oficinas que parecen estirarse hasta el infinito.
A medida que avanzo, las luces fluorescentes del techo iluminan mi camino, proyectando sombras en las paredes y haciendo que los colores de la decoración corporativa parezcan aún más apagados. El aire está cargado de olor a papel y café, el aroma característico de una oficina en plena actividad.
Paso por delante de cubículos y oficinas más pequeñas, donde empleados trabajan con concentración en sus ordenadores o hablan en voz baja por teléfono. Algunos me miran con curiosidad, pero la mayoría ni siquiera levantan la vista.
La alfombra gris que cubre el suelo amortigua el sonido de mis pasos, y me siento como si estuviera caminando sobre una nube. Mi corazón late con anticipación, y mi mente está llena de pensamientos sobre la conversación que estoy a punto de tener.
Finalmente, llego a la oficina principal. La puerta de madera oscura está cerrada, pero puedo sentir la presencia de ella al otro lado. Respiro profundamente, me enderezo y llamo a la puerta. —¿Sí? —, responde una voz familiar y melodiosa.
Sonrió, mi corazón saltando en mi pecho. —Hola —, digo, abriendo la puerta y entrando en la oficina.
La chica de mi vida está sentada detrás del escritorio, su mirada brillante y su sonrisa cálida. Me siento como si hubiera llegado a casa. mi corazón late con emoción, y mi alma se llena de esperanza.
—¿Cleo? —, me dice con tono suave y melancólico. El corazón me da un vuelco, y no puedo con su ternura.
Extrañaba tanto su voz, había decidido dejarla ir, pero tenerla frente a mí, entendí que es mi más grande debilidad, pero también podía su fuerza, la fortaleza que le daba a mi cuerpo. Era como lo dijo mi padre, la necesito más de lo que me pude haber imaginado, y la amo tanto que no se si voy poder contener las ganas que tengo por poseerla en este momento.
—¿Puedo pasar? —, pregunto. Ella me mira y asiente.
—Adelante.
Entro en la oficina y cierro la puerta detrás de mí, camino hacia la silla que quedan frente a ella, me acerco lentamente sin dejar de mirar sus ojos, y en ellos está el mismo brillo, la misma ilusión, el mismo amor que siente por mí y que yo siento por ella. Pero, también hay tristeza, y un cierto resentimiento.
No puedo culparla. Fui yo la que la hecho de su vida como si fuera nada. Sí no me perdona, si me aleja y rompe nuestro vinculo, lo aceptare, porque lo único que anhelo más que otra cosa es que ella sea feliz.
Bajo su intensa mirada el tiempo empieza a transcurrir lentamente, el corazón me da un vuelco, y las pulsaciones se disparan amenazando con darme un paro cardiaco, me acerco con ella y aunque sabía que vendría a verla, no he podido controlar mis nervios y lo inquieta que me siento.
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Editado: 14.08.2026