La enfermera

Capítulo Dos

2

Anoche recibí un mensaje de la agencia, alguien solicitó una enfermera para cuidar de una persona mayor en el centro de la ciudad y para ellos era la más calificada. El problema aquí es que no vi el mensaje hasta esta mañana una hora y media antes de la cita, por lo que ahora me encontraba presionando el botón del elevador con un retraso de quince minutos y rogando al universo que no le hayan dado el cliente a alguien más.

En cuanto se abren las puertas me adentro y presiono varias veces el botón con el número siete, me miro una vez más de arriba abajo y decido deshacer el nudo de la camisa para tapar la gran mancha de café y sangre de mis pantalones, espero no verme ridícula. Tras varios segundos la puerta se abre y de inmediato salgo al vestíbulo en donde Karla la recepcionista se encarga de recibir a los clientes.

—Llegas tarde —menciona sin despegar la vista del computador—. Le han dado el cliente a Sarah.

—Buen día para ti también Karla —me limito a decir.

Nuestra relación no es la mejor de todas, desde que llegué a la agencia se ha mostrado apática y tajante, al principio pensé que era así con todos, pero conforme pasaron los días me di cuenta que solo se es así conmigo.

 Camino en dirección a la oficina de mi jefa con la esperanza de que no sea ella quien está atendiendo al cliente, me aliso la camisa en un intento fallido de eliminar las arrugas que se han hecho por el nudo y antes de tocar a su puerta la oficina de enfrente se abre dejando salir a una señora despampanante quien me mira de arriba abajo y hace un gesto de desagrado, detrás de ella la acompañan una Sarah sonriente y mi jefa

—Espérame en la oficina —dice Majo y se vuelve hacia la señora para acompañarla hasta el elevador.

Asiento sin decir nada, por las líneas que se marcan a los costados de sus ojos debido a la enorme sonrisa, sé que está más que enojada. Majo no suele sonreír de esa manera, a menos que esté furiosa.

Empujo la puerta de la oficina y me adentro en ella hasta el escritorio. Me siento en una de las sillas y espero a que Majo vuelva.

—Has llegado tarde —comenta Majo adentrándose en la oficina.

Me vuelvo al oír su voz, desconcertada. No esperaba esa reacción, imaginé que entraría gritando y azotando la puerta como suele hacerlo cuando está furiosa.

—Tuve un percance de camino aquí —respondo.

—¿Qué clase de percance?

No respondo. Sé que si le cuento lo que vi no va a creerme.

La oigo suspirar.

—La señora que acaba de salir era tu cliente —dice sentándose en la silla detrás del escritorio—. Se la he dado a Sarah.

—Lo sé, Karla me lo ha dicho —enfoco la mirada en mis manos.

—Estarás suspendida una semana, eso quiere decir que si algún cliente pide por alguien con tus capacidades no serás notificada.

Volteo a verla de inmediato, no puede hacer eso.

­—Trabajaré horas extra sin paga, pero por favor no me suspendas. Si no pago las cuentas para el final de la siguiente semana van a desalojarme.

El sonido del teléfono nos interrumpe.

—Directora, el cliente de las once veinte está aquí —escucho decir a Karla a través del intercomunicador.

—Ya salgo —responde Majo—. Escucha, sabes que en esta agencia no toleramos el incumplimiento del contrato y para tu infortunio esta es la segunda vez que llegas tarde, lo que amerita una sanción. Nos pondremos en contacto dentro de una semana —dice levantándose de su asiento.

Me levanto del mío y camino con ella hasta la puerta. La rabia y las ganas de llorar me invaden, pero no le doy el gusto de hacerlo aquí. Sé que esperaba que le rogara, le encanta hacer que le reguemos, pero precisamente hoy no estoy de humor para eso.

Salgo de la oficina y me apresuro para llegar al ascensor sin levantar la mirada, si lo hago las lágrimas saldrán.

—Bonita camisa —escucho decir a mi espalda.

Volteo de inmediato, Leonardo está parado junto al mostrador y me está mirando. No digo nada, en lo único que puedo pensar es en la nueva camisa que lleva puesta.

—¿De dónde sacaste la camisa?

No han pasado más de diez minutos desde que nos vimos y ya lleva puesta otra camisa.

—Mi oficina está a unas cuadras de aquí. He vuelto para cambiarme.

—Señor Montés —nos interrumpe mi jefa—. Pase por este lado por favor.

Leonardo la mira y asiente. Al parecer él es el cliente de las once veinte. Continuo con mi camino hacia el ascensor, si estaré suspendida una semana creo que es hora de buscar otra agencia para trabajar.

—Disculpe, ¿la señorita que va de salida trabaja aquí? —lo escucho preguntarle a Majo.

—Sí —se limita a responder.

—Excelente, quiero contratarla —le escucho decir.

Me detengo en seco antes de presionar el botón del ascensor.

—Me temo que no será posible, por el momento está suspendida. Pero no se preocupe las candidatas que tenemos para usted están más que calificadas para el trabajo.

Leonardo voltea a verme, una sonrisa fugaz se dibuja en sus labios y desaparece de inmediato, como si lo estuvieran retando. Es la primera vez que lo veo sonreír desde que nos conocimos.

—Creo que no me he dado a entender, si ella no es la enfermera que me proporcionaran, no contrataré sus servicios.

Me regala una sonrisa, pero, por muy encantadora que sea, no la quiero.

Acaba de retar a mi jefa delante de Karla y de mí y eso significa que Majo se desquitará conmigo después.

Abro la boca para decir algo, pero mi jefa se me ha adelantado.

—Como usted prefiera, señor Montés —dice clavándome una mirada de odio—. Señorita Villanueva, sería tan amable de acompañarnos por favor.

Me limito a asentir y los sigo hasta la oficina en donde Majo recibe a los clientes. Una vez adentro Leonardo toma asiento frente a mí, acción que molesta a mi jefa. Majo está acostumbrada a sentarse frente al cliente para darle un trato más profesional. Las manos me tiemblan debido al nerviosismo así que las escondo debajo de la mesa. Ahora que estoy sentada dentro de esta oficina me doy cuenta de que no debí haber entrado. Pero no puedo dejar pasar esta oportunidad. El cliente con el que se supone iba a verme ya no es mío y si no aprovecho esta oportunidad van a desalojarme de mi departamento por no pagar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.