La Engrapadora

Mi Función

Tengo una sola función.

Mantener las hojas juntas.

Eso fue lo primero que aprendí.

No importa cuántas fueran. Dos, cinco, diez. No importa si estaban limpias o arrugadas, si alguna estaba doblada en una esquina o si la tinta había comenzado a desaparecer.

Si estaban juntas, yo había cumplido.

Al principio eran blancas.

Las recuerdo así.

Una encima de otra, perfectamente alineadas sobre el escritorio. Tan limpias que me daba miedo tocarlas.

La mano las tomó y las acomodó.

Después me tomó a mí.

Sentí la presión antes de comprenderla.

Clac.

Mi punta atravesó las dos.

Fue rápido.

Un pequeño agujero.

Una pequeña unión.

Las hojas no dijeron nada.

Supuse que estaban bien.

Desde entonces, cada vez que se separaban, yo las volvía a unir.

Era sencillo.

Si una quedaba un poco más lejos de la otra:

clac.

Si una intentaba deslizarse hacia un costado:

clac.

Si alguna terminaba debajo de otra, yo corregía el desorden.

Clac.

No sabía por qué se movían tanto.

Tal vez todavía no entendían cómo debía funcionar aquello.

Yo sí lo sabía.

Juntas.

Siempre juntas.

Con el tiempo dejaron de ser blancas.

Una empezó a llenarse de tinta.

La otra también.

Había palabras que yo no comprendía.

Algunas eran pequeñas.

Otras ocupaban casi toda la página.

A veces aparecían manchas.

A veces lágrimas.

No sé cómo llegaron hasta allí.

Pero cada vez que una intentaba apartarse, yo cumplía con mi trabajo.

Clac.

Al principio, los agujeros eran pequeños.

Después comenzaron a acumularse.

La primera hoja tenía tres.

La segunda, cinco.

Luego diez.

La mano seguía utilizándome.

Yo no preguntaba.

Nunca fui hecha para preguntar.

Solo para unir.

Un día una de ellas se movió.

Muy poco.

Apenas unos centímetros.

Yo estaba sobre el escritorio cuando la vi alejarse.

Por primera vez entendí que no quería estar junto a la otra.

Esperé.

Tal vez regresaría.

No lo hizo.

La mano me levantó.

Sentí la presión.

Clac.

La atravesé.

Volvió a quedar junto a la otra.

Eso era bueno.

Eso significaba que todo estaba en orden.

Pero esta vez escuché algo.

Un sonido muy débil.

El papel desgarrándose alrededor de la grapa.

Me quedé quieta.

La hoja había comenzado a temblar.

Pensé que tenía frío.

Después ocurrió otra vez.

Se separaron.

Clac.

Otra vez.

Clac.

Otra.

Clac.

Cada vez necesitaba más fuerza.

Cada vez encontraba menos espacio limpio donde perforar.

Las hojas estaban llenas de cicatrices.

Yo también comenzaba a oxidarme.

Pero nadie las soltaba.

Eso debía significar algo.

Las familias permanecen juntas.

No sé quién me enseñó esa frase.

Tal vez la mano.

Tal vez el escritorio.

Tal vez la escuché tantas veces que terminé creyéndola.

Una noche, cuando nadie estaba mirando, una de las hojas consiguió levantarse.

La grapa cedió un poco.

El papel crujió.

Por primera vez había espacio entre ambas.

Mucho.

Demasiado.

La observé desde el escritorio.

No hice nada.

Quise creer que podía quedarse así.

Que quizá estar juntas no era la única forma de estar bien.

Entonces regresó la mano.

Me tomó.

La escuché decir algo.

No recuerdo las palabras.

Solo recuerdo el tono.

Ese tono que aparece cuando algo se está desmoronando y alguien decide fingir que no.

Me colocó sobre las hojas.

Yo no quería.

Pero una engrapadora no decide.

Clac.

La hoja se desgarró.

Una pequeña parte quedó atrapada debajo de la grapa.

El resto cayó al suelo.

Por primera vez, ya no estaban juntas.

Miré la hoja que había quedado sobre el escritorio.

Estaba llena de agujeros.

Arrugada.

Manchada.

Cansada.

La otra estaba en el suelo.

También tenía agujeros.

Y entonces comprendí algo que debí haber entendido desde el principio.

Nunca las había mantenido juntas.

Solo había impedido que se fueran.

Me quedé sobre el escritorio, oxidándome lentamente, con una grapa todavía atrapada entre mis dientes.

Esperando que alguien volviera a utilizarme.

Porque esa era mi función.

Porque eso era lo que se suponía que debía hacer.

Porque nadie me había enseñado que una familia también puede romperse aunque siga estando unida.




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