La Espada Del PrÍncipe

Capítulo 14. Las mentiras del corazón de una noble

Una mañana de primavera… Cuando Akira tenía 16 años, se le encomendó la misión de cuidar a una princesa durante su estancia en el castillo central.

Akira ya la esperaba en la puerta principal del castillo, en compañía de Winter y del rey. Ambos se sorprendieron al ver la gran caravana que acompañaba el auto de la princesa. Una vez que todos se estacionaron, anunciaron la llegada de la princesa, entonces el rey se adelantó para recibirla.

Al bajar del auto, dejó a todos deslumbrados. En el momento en que ella y Akira cruzaron miradas, el mundo parecía detenerse para ambos.

—Es un honor tenerla en nuestro castillo, espero que disfrute de su estancia aquí y que durante estos meses pueda crear hermosos recuerdos, además de completar su educación.

—Muchas gracias, su alteza, espero que mi presencia sea de su agrado.

—Así será —acercando a Winter y a Akira—, te presento a mis dos generales, ella es Winter y él es Akira, quien te estará acompañando durante tu estancia —tomando la mano de Winter—. Nosotros nos vamos, Winter y yo tenemos una misión importante que terminar.

Akira y Sofía se quedaron completamente solos, entonces él le dio un tour por todo el castillo, luego unos sirvientes le llevaron su equipaje a su habitación.

—Y esta sería la habitación que le asignó el rey, espero que disfrute cada día estando aquí, por cierto… mi habitación está en el mismo piso… si necesita algo… no dude en pedírmelo, es un gusto estar a su servicio, princesa —haciendo una reverencia—. Me retiro para dejarla descansar, mañana vendré a primera hora.

—Gracias, Akira, nos vemos mañana.

Ambos se sonrieron, luego Sofía cerró la puerta y Akira se quedó viendo la puerta con una gran sonrisa.

—Parece que alguien ya se enamoró, no me extraña… es bastante bonita, aunque algo me dice que no deberías hacerle mucha confianza.

—Win, por favor… no estés de celosa, tú eres mi hermana y no mi madre… Gracias por el consejo, pero no me importa.

Winter dio un gran suspiro y, con preocupación, dijo:

—Haz lo que quieras, pero después no quiero escuchar tus quejas, no olvides que ella es una princesa y nosotros simples guardias.

—No lo olvido, pero si ella me sonríe así, no me voy a negar.

Winter se molestó y se fue sin decir más.

Por la madrugada, unos golpes retumbaron en la puerta de Akira. Él salió de inmediato pensando que era Winter, pero al abrir la puerta y darse cuenta de que se trataba de Sofía, no pudo ocultar la felicidad.

—Princesa, ¿a qué debo su visita a esta hora?

—No podía dormir y recordé que tu habitación estaba en el mismo piso, así que me preguntaba si tú… ¿querías salir al jardín conmigo?

—Mmm, me encantaría… pero…

—Pero nada, eres mi guardia personal y necesito de tu cuidado, ¿no me dejarás ir sola o sí?

—Bueno… si lo pone así… entonces tiene razón, ¡vamos!

Sofía entrelazó su mano con la de él y corrió hasta el jardín.

—Qué hermosa madrugada, aún está oscuro, pero así se ven más hermosas las estrellas y la luna.

Akira no podía levantar la mirada, solo podía apreciar la deslumbrante belleza de Sofía; su corazón se llenaba de mil sentimientos, daba vueltas y vueltas, pues estaba experimentando el amor a primera vista, por lo cual quería que ese momento durara por siempre.

—Entonces… tú… sientes lo mismo que yo.

—¿De qué habla, princesa?

—Es más que obvio, has escuchado la frase… “los ojos son las ventanas del alma”, es decir, que jamás mienten.

Akira tragó saliva mientras sus labios temblaban.

—Tranquilo… yo me siento igual, desde que te vi me enamoré de ti —levantando la mirada al cielo—. Tenía miedo de que este amor fuera unilateral, ya que solo vine aquí con la esperanza de conocerte mejor. Sabes… te conozco desde que obtuviste tu título de general, yo asistí a la ceremonia y desde ahí me gustaste, por eso… elegí este reino para tomar algunas clases, en unos meses volveré a casa y me encantaría que tú vinieras conmigo.

—Eso es algo complicado, yo prometí quedarme aquí hasta el último día, además… hay alguien a quien juré proteger con mi vida.

—Lo entiendo —bajando la cabeza—. Seguro que ella es más linda que yo, tal vez… estás enamorado de ella.

—No, claro que no, pero ambos somos huérfanos y solo nos tenemos el uno al otro, yo no puedo abandonarla a su suerte, ¿lo entiende?

—Por supuesto, creo que vine aquí por nada.

—No digas eso, puedo convencerla para que me deje ir contigo, ella estará muy feliz de verme feliz; es como mi mejor amiga, solo que… ¿puedo preguntarte algo?

—Por supuesto, pregunta todo lo que quieras.

—¿Qué me asegura que te quedarás conmigo y que no te casarás con un noble?

—Akira —alzando las manos con cuidado, le sostuvo el rostro con delicadeza—, vine hasta este país solo por ti, ¿qué te hace dudar de mí? Sé que apenas nos conocemos, pero tú y yo sentimos lo mismo desde el inicio. Además, ya he recibido mil propuestas de matrimonio y no he aceptado ninguna, cuando reciba el título de princesa heredera cambiaré las leyes de mi país para que tú y yo estemos juntos.

Akira la abrazó, la tomó por la cintura y la levantó:

—Gracias por no ser como los demás nobles, prometo que te haré muy feliz, mi linda princesa.

Una vez que la bajó… ambos se vieron fijamente y sus reflejos se veían en los ojos del otro. Él se inclinó despacio y, mirando dulcemente los labios de Sofía, le dio un beso suave.

Toda la escena fue presenciada por Winter desde su ventana, quien sostenía una taza que contenía un té caliente para dormir. Entonces, al presenciar aquel beso, apretó la taza y terminó rompiéndola; el líquido hirviendo cayó sobre su mano, que al instante se mezcló con la sangre que brotaba de la misma, pero no sentía el más mínimo dolor, pues un sentimiento de preocupación y pesar invadían su cuerpo. Al ver la taza en el suelo, solo podía imaginar que su corazón estaba igual o más roto.




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