La espera

parte 1

Vino ella, grande ante mí, olorosa y abúlica. Me alegré bastante y empecé a saltar y ladrar, pero no le gustó. No sé por qué pensé que cambiaría algo.

Me dio un fuerte golpe con el bastón que llevaba. Ya era costumbre, pero no dejaba de doler. Al principio no lo usaba, pero conforme fueron pasando los años no le gustó mi bulla.

Me acuerdo de la primera vez que vine. Hacía mucho frío en esa caja grande. Estaba lloviendo, el cielo azul, nadie en la calle. Cuando sentí un olor a vainilla, ya estaba en sus brazos, caliente, envuelto en una manta. Me miró y solo caminó.

La miré todo el transcurso hacia el lugar donde ese olor a vainilla me llevaba: sus ojos color avellana, su cabello café ondulado, su piel blanca. Cuando llegamos a ese lugar pensé que ya iba a tener un hogar cálido, con amor y comida. No me equivoqué.

En ese lugar estaba ella. Mi presencia no le gustó, pues empezó a gritarle a Vainilla. No entendía nada.

En la noche, cuando ya estaba todo en silencio, me habló y me dijo:
—Eres muy lindo, pequeño. Te llamarás Milo —mientras sobaba mi cabeza.

Vainilla nunca me dijo su nombre.

Me sentí muy querido. Nunca había sentido esa sensación. Solo tenía unas horas de estar con Vainilla y ya la quería tanto.

Nunca me dejaba salir. Siempre supuse que era porque había cosas feas afuera. Vainilla empezó a salir mucho más seguido y a usar algo que hacía que le brillara la cara. Sonaban teclas y no me dejaba dormir.

Un día estaba viendo por la ventana a ese pájaro que siempre se burlaba de mí. Le ladraba, pasaba y hacía un sonido de burla. Lo quería comer, pero no podía salir.

De la nada sentí el olor a Vainilla, me alegre y empece a ladrar , Abrió la puerta de la casa y ella empezó a gritarle porque yo hacía mucha bulla. Cuando entraron las dos a la habitación, ella me miró directamente y me tiró algo muy duro. Lloré. Vainilla le dijo que ya se fuera de su cuarto y salieron las dos.

Pasaron unos minutos cuando ella volvió con una soga. Me la amarró en el cuello, jalándome hacia el patio. Hacía bastante sol. Me amarró a un palo y me dejó ahí. Me asusté al pensar que Vainilla se enojaría conmigo por haber salido de la habitación, pero unos segundos después salió y me trajo agua y comida. Era perfecta, considerada. Me sobó la cabeza y se fue.

Se volvió un ciclo. Ya no era divertido. Solo cuando venía ese pájaro y se burlaba de mí intentaba atraparlo para no aburrirme, pero nunca lo conseguí.

Vainilla se olvidó de mí. A veces se olvidaban de limpiar y el olor se quedaba conmigo todo el día. Nadie venía a quitarlo.

Hubo días buenos, cuando Vainilla me desataba y me llevaba al parque. Eran tan divertidas esas ocasiones que todavía no las olvido. Fueron cuatro veces en las que me sentí el más feliz del mundo.

Vi que solo me sacaba cuando estaba con ese moreno. No sentí que me tomara mucha importancia, pero lo que importaba era que no veía lo mismo de siempre: esa puerta gris, el suelo caliente, ese horrible pájaro burlón, el olor y ella.

Hace más de un año que Vainilla no viene. Solo la veo a ella.

💬 Esto ya está listo para Wattpad como capítulo 1.



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En el texto hay: tristeza, abandono, tristeza esperanza

Editado: 02.01.2026

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