La Esposa De Mi Enemigo

Capítulo 4

No volví a pensar en otra cosa durante los días siguientes.

El nombre de Lucien Moretti aparecía en cada conversación, en cada documento y en cada silencio incómodo que se instalaba cuando entraba en una habitación.

Al principio, intenté ignorarlo.

Me refugié en la biblioteca, revisé algunos de los libros que mi padre había dejado sin terminar y pasé largas horas junto a la ventana, observando cómo el invierno comenzaba a cubrir de gris los jardines de Terranova.

Pero no importaba cuánto intentara distraerme.

Siempre terminaba regresando a la misma pregunta:

¿Quién era realmente Lucien Moretti?

No el príncipe heredero.

No el hijo del rey de Silvania.

No el hombre con el que esperaban que me casara.

Quería saber quién era cuando nadie lo observaba.

Si era capaz de sentir culpa.

Si escuchaba las opiniones de los demás.

Si alguna vez había cuestionado las decisiones de su familia.

O si, por el contrario, creía que Terranova merecía todo lo que había sufrido.

La falta de respuestas comenzaba a irritarme.

Una mañana, mientras desayunaba con mi madre, decidí dejar de esperar a que alguien me contara lo que consideraba conveniente.

—Quiero los informes sobre el príncipe —dije.

Mi madre levantó la mirada de su taza.

—¿Qué informes?

—Los que tenga el consejo.

Información sobre su educación, sus funciones, sus campañas y su familia.

—Freya...

—No voy a casarme con un hombre del que solo conozco su nombre.

Mi madre dejó la taza sobre la mesa.

—Todavía no has aceptado el matrimonio.

—Pero todos actúan como si ya lo hubiera hecho.

Su expresión se suavizó.

Durante unos segundos, pareció querer decir algo, pero no encontró las palabras adecuadas.

—Tu padre habría querido que estuvieras protegida.

—¿Protegida por quién? ¿Por el hombre al que me entreguen?

—No quise decir eso.

—Lo sé.

Aparté la mirada.

No estaba enfadada con ella. O, al menos, no completamente. Mi madre también había perdido a mi padre. También estaba intentando comprender cómo continuar con una vida que había cambiado demasiado rápido.

Pero su preocupación no podía convertirse en otra cadena alrededor de mi cuello.

—Necesito saber a qué me enfrento —dije más despacio.

Mi madre me observó durante un largo momento.

—Entonces pide los informes. Pero recuerda que los documentos rara vez muestran a una persona completa.

—Lo sé.

Aunque, en aquel momento, no tenía otra manera de empezar.

El primer ministro se negó a entregarme los informes personalmente.

Envió a un secretario con una carpeta delgada y una advertencia innecesaria:

—Su excelencia considera que cierta información debe permanecer reservada.

—¿Reservada para quién?

El joven tragó saliva.

—Para el consejo.

—Entonces dile al primer ministro que, si esperan que me case con el heredero de Silvania, tengo derecho a conocer al menos lo que ellos consideran importante ocultarme.

El secretario bajó la cabeza.

—Sí, lady Freya.

Tomé la carpeta.

No era tan completa como había esperado. Contenía información básica: la edad de Lucien, su posición dentro de la corte, su formación militar y su participación en varias negociaciones posteriores a la guerra.

Había sido educado por tutores privados y entrenado desde joven para asumir el trono. Había acompañado a su padre en reuniones diplomáticas y participado en decisiones relacionadas con las fronteras del norte.

No había rumores sobre escándalos.

No había amantes reconocidas.

No había deudas ni conflictos públicos.

Todo parecía demasiado limpio.

Pasé la página.

Allí encontré una breve referencia a su hermano.

El documento no mencionaba su nombre con demasiada frecuencia. Se refería a él como el segundo hijo de la casa Moretti, fallecido durante una misión fronteriza.

Misión.

No batalla.

No emboscada.

Misión.

Me detuve en esa palabra.

La versión que Derek había mencionado hablaba de una emboscada. El informe, en cambio, utilizaba un término mucho más cuidadoso.

Continué leyendo.

El fallecimiento había provocado una ruptura temporal de las relaciones entre Silvania y Terranova.

Se habían realizado investigaciones, aunque sus resultados no aparecían en el documento.

La última línea decía:

El asunto continúa siendo considerado un episodio sensible para la corona.

Cerré la carpeta.

Aquello no era información.

Era una colección de silencios cuidadosamente ordenados.

—¿Encontraste algo interesante?

La voz de Derek me hizo levantar la cabeza.

Estaba apoyado en el marco de la puerta de la biblioteca, con los brazos cruzados.

—Encontré que el consejo sabe esconder las cosas.

—Eso no es ninguna novedad.

Le mostré la carpeta.

—Aquí dice que el hermano de Lucien murió durante una misión fronteriza.

Derek se acercó y hojeó el informe.

—¿Y qué esperabas encontrar?

—La verdad.

—En un documento del consejo.

—Podemos tener esperanza.

Derek me devolvió la carpeta.

—¿Qué más dice?

—Que el asunto sigue siendo sensible.

—Eso significa que nadie quiere hablar de ello.

—O que hay algo que no quieren que sepamos.

Mi hermano me miró con seriedad.

—Freya, no conviertas cada silencio en una conspiración.

—¿Y si no es un silencio cualquiera?

—Entonces tendremos que descubrirlo sin acusar a todo el mundo.

Cerré la carpeta con más fuerza de la necesaria.

—¿Por qué siempre intentas ser razonable?

—Porque tú ya haces suficiente esfuerzo por los dos.

Le lancé una mirada molesta.

Derek sonrió.

A pesar de todo, agradecí que estuviera allí.

Esa misma tarde, recibimos una visita inesperada.




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