No dormí aquella noche.
La palabra seguía dando vueltas en mi cabeza.
Eren.
Podía ser una simple coincidencia. Un lugar mencionado en un informe antiguo. Una anotación sin importancia que mi padre había hecho por algún motivo que ya no podía explicarme.
Pero cuanto más intentaba convencerme de ello, menos creía en mis propias palabras.
El paso de Eren había sido una de las rutas más utilizadas durante la guerra. Conectaba Terranova con los territorios del norte de Silvania y, durante años, había servido para transportar provisiones, armas y mensajes.
También había sido escenario de emboscadas.
Desapariciones.
Y acuerdos que nunca llegaron a registrarse oficialmente.
Me levanté de la cama y encendí una vela.
El cuaderno de mi padre seguía sobre el escritorio.
Lo abrí por la página donde había encontrado la palabra. Debajo de ella no había nada más, pero en el margen aparecía una línea casi borrada.
Intenté leerla varias veces.
No lo conseguí.
Tomé una hoja y copié la palabra.
Eren.
Después escribí debajo:
La muerte del hermano de Lucien.
Y, finalmente:
El ataque a la caravana.
Observé las tres frases.
No eran pruebas.
Ni siquiera eran una teoría.
Solo coincidencias que podían estar relacionadas… o no.
Aun así, algo dentro de mí me decía que no debía ignorarlas.
A la mañana siguiente, busqué a Derek.
Lo encontré en el patio interior, hablando con dos soldados. Llevaba la chaqueta de la guardia y tenía una expresión seria.
Cuando me vio, despidió a los hombres y se acercó.
—¿Qué ocurre?
—Necesito preguntarte algo.
—Eso nunca suena bien.
No respondí a su intento de broma.
—¿Qué sabes del paso de Eren?
Derek se quedó quieto.
Fue apenas un instante, pero lo noté.
—¿Por qué preguntas?
—Respóndeme primero.
Suspiró.
—Es una ruta antigua. Durante la guerra se utilizaba para transportar suministros. Después de la tregua, ambos reinos acordaron limitar el tránsito militar por esa zona.
—¿Y el ataque de la caravana ocurrió allí?
—Cerca del paso.
—¿Quién controlaba la zona?
Derek miró hacia los lados antes de contestar.
—En teoría, una patrulla conjunta.
—¿En teoría?
—En la práctica, cada reino vigilaba su propio lado.
Me crucé de brazos.
—¿Y la noche en que murió el hermano de Lucien?
Su rostro se endureció.
—Freya…
—Necesito saberlo.
—No tienes que involucrarte en esto.
—Ya estoy involucrada. Me quieren casar con el hermano del hombre que murió.
Derek apretó la mandíbula.
—La muerte ocurrió hace dos años. No se sabe con certeza dónde fue atacado.
—Pero hay informes.
—Hay demasiados informes.
—Eso no responde a mi pregunta.
Derek se pasó una mano por el cabello.
—Se dijo que la emboscada ocurrió cerca de la frontera. Algunos aseguraron que fue en el paso de Eren. Otros afirmaron que el ataque tuvo lugar más al oeste.
Sentí que el aire se volvía más pesado.
—¿Y cuál es la versión oficial?
—Que un grupo de rebeldes atacó a la comitiva silvaniana.
—¿Rebeldes de dónde?
Derek no contestó inmediatamente.
—Eso es lo que nadie ha podido demostrar.
Lo miré con atención.
—¿Tú sabías todo esto?
—Sabía lo suficiente para entender que no era un asunto sencillo.
—¿Y nunca me lo contaste?
—Porque eras más joven y porque nuestro padre nos prohibió hablar de ello.
Aquellas palabras me golpearon con más fuerza de la que esperaba.
—¿Nuestro padre?
Derek bajó la mirada.
—Dijo que no debíamos repetir rumores que podían poner en peligro a la familia.
—¿Qué rumores?
—Que la emboscada no había sido obra de rebeldes.
—¿Entonces de quién?
Derek volvió a mirarme.
—No lo sabía.
O no quería decírmelo.
No estaba segura de cuál de las dos opciones era peor.
Encontré a Lucien en la biblioteca.
Estaba de pie junto a una de las ventanas, leyendo un documento. La luz de la mañana iluminaba parte de su rostro, pero su expresión permanecía seria.
Cuando entré, levantó la vista.
—Freya.
—Necesito hablar contigo.
Dejó el documento sobre la mesa.
—¿Ocurrió algo?
Cerré la puerta detrás de mí.
—¿Tu hermano murió en el paso de Eren?
Lucien no respondió.
Su silencio fue suficiente para demostrarme que había tocado un punto delicado.
—¿Quién te habló de eso? —preguntó finalmente.
—Derek.
No era completamente cierto.
Pero tampoco era una mentira absoluta.
Lucien se apartó de la ventana.
—La ubicación nunca se confirmó.
—¿Pero se mencionó Eren?
—Sí.
—¿En los informes que viste?
—En algunos.
Me acerqué un poco.
—¿Y en otros?
—En otros aparecía una ubicación diferente.
—¿Por qué nadie ha investigado esa contradicción?
Lucien soltó una risa sin humor.
—¿Crees que no lo intenté?
Su voz había perdido la calma habitual.
Por primera vez, pude notar el cansancio detrás de sus palabras.
—No lo sé —respondí—. No sé qué has intentado ni qué te han permitido investigar.
Lucien bajó la mirada.
—Cuando murió mi hermano, todos querían una respuesta rápida. El reino necesitaba un culpable. El ejército necesitaba una explicación. Mi padre necesitaba demostrar que Silvania no había sido vulnerable.
—Y Terranova era el culpable perfecto.
Sus ojos se levantaron hacia mí.
—Para algunos, sí.
Sentí que una parte de mí se cerraba.
—¿Y tú qué crees?
Lucien tardó en contestar.
—Creo que alguien quería que creyéramos que todo había sido sencillo.
—¿Alguien de Terranova?
—No lo sé.
—¿Alguien de Silvania?
Lucien apartó la mirada.
—Tampoco lo sé.