La Esposa De Mi Enemigo

Capítulo 15

La habitación parecía haberse vuelto más pequeña.

Lucien sostenía la carta entre sus manos, mientras Derek permanecía junto a la puerta, atento a cualquier sonido que pudiera llegar desde el corredor.

Yo no podía dejar de pensar en la página desaparecida.

Una sola hoja.

Un fragmento de información que alguien había considerado lo bastante importante como para arriesgarse a entrar en una cámara vigilada.

—¿Cómo sabes que falta una página? —pregunté.

Lucien levantó la mirada.

—Porque revisé la lista antes de que abandonáramos el paso de Eren.

—¿Y cuántas páginas tenía?

—Tres.

—¿Y ahora?

—Dos.

Derek se acercó al escritorio.

—¿Estás seguro de que no se perdió durante el ataque?

—La lista estaba completa cuando la guardamos.

—¿Quién la guardó?

Lucien me miró.

—Tú.

Bajé la vista hacia los documentos que todavía llevaba conmigo.

Recordaba haberlos recogido con rapidez cuando comenzaron los disparos. Después, durante el trayecto, los había mantenido dentro de mi capa.

—No los solté —dije.

—No he dicho que lo hicieras.

—Pero lo estás pensando.

Lucien negó con la cabeza.

—Estoy intentando reconstruir lo que ocurrió.

—Entonces empieza por decirme quién tuvo acceso a ellos.

—Todos los que estuvieron en la torre.

Derek frunció el ceño.

—Eso incluye a nuestros soldados.

—Y a los míos.

El silencio volvió a instalarse.

No me gustaba la dirección que estaba tomando aquella conversación. Hasta ese momento, habíamos sospechado de personas que no conocíamos, de funcionarios lejanos y de figuras ocultas en las sombras.

Ahora la sospecha empezaba a extenderse entre quienes habían viajado con nosotros.

Y eso era mucho más peligroso.

Lucien colocó los documentos sobre el escritorio de mi padre.

—Necesitamos comparar la lista con las cartas.

—¿Para qué?

—Quizá alguno de los nombres aparezca en ambos documentos.

Derek encendió otra lámpara.

La luz iluminó las hojas extendidas sobre la madera.

Había nombres, fechas, números y anotaciones incompletas. Algunas palabras estaban borradas, como si alguien hubiera intentado eliminarlas sin destruir el papel.

Me incliné sobre la lista.

—Aquí.

Señalé una de las líneas.

Junto a un nombre aparecía una marca pequeña, casi idéntica al símbolo de la tela azul.

Lucien se acercó.

—Ese nombre no estaba en la copia que vi en Silvania.

—¿Quién es? —pregunté.

—Edmund Vale.

Derek se quedó inmóvil.

—Lo conozco.

Lo miré inmediatamente.

—¿De dónde?

—Era un administrador de suministros durante la guerra.

—¿Trabajaba para Terranova?

—Al principio. Después fue trasladado a una oficina conjunta de ambas coronas.

Lucien tomó la hoja.

—¿Sigue vivo?

—No lo sé.

—¿Qué significa eso?

Derek se apoyó en el borde del escritorio.

—Desapareció después de que terminara la guerra. Se dijo que había huido con dinero del ejército.

—¿Y tú lo creíste? —pregunté.

—No tenía motivos para pensar lo contrario.

—Ahora sí.

Derek no contestó.

Lucien observó la marca junto al nombre.

—Si Edmund Vale estaba relacionado con las rutas de suministros, podría haber tenido acceso a los registros de Eren.

—Y saber cuándo pasaban las comitivas —añadí.

—Exactamente.

Por primera vez, teníamos una posibilidad concreta.

No una respuesta.

Pero sí un camino.

Un ruido nos hizo girar hacia la puerta.

Derek apagó una de las lámparas y se llevó un dedo a los labios.

Alguien caminaba por el corredor.

Los pasos eran lentos.

No parecían los de un guardia haciendo una ronda.

Lucien se colocó junto a la pared, mientras yo escondía las cartas dentro de la caja de madera.

Derek tomó posición detrás de la puerta.

La manija se movió.

Contuve la respiración.

La puerta se abrió apenas unos centímetros.

Una sombra apareció en el umbral.

Derek actuó de inmediato.

Sujetó al intruso por el brazo y lo empujó dentro de la habitación. Lucien cerró la puerta antes de que pudiera escapar.

El hombre cayó de rodillas.

Llevaba el uniforme de la guardia de Terranova.

—¿Quién te envió? —preguntó Derek.

El soldado levantó las manos.

—No quería hacerles daño.

—No te pregunté eso.

—Me ordenaron revisar el despacho.

—¿Quién?

El hombre miró hacia mí.

Su rostro estaba pálido.

—El capitán.

Derek se agachó frente a él.

—¿Qué capitán?

El soldado tragó saliva.

—El capitán Armand.

No reconocí el nombre.

Pero Derek sí.

Su expresión cambió de inmediato.

—¿Armand sigue en el palacio?

—Sí.

—¿Y qué te ordenó buscar?

El soldado guardó silencio.

Derek apretó la mandíbula.

—Responde.

—La caja.

Lucien dio un paso hacia él.

—¿Qué caja?

—La que encontraron en Eren.

—¿Y por qué el capitán Armand quiere encontrarla?

El soldado bajó la cabeza.

—No lo sé.

—Mentira —dijo Derek.

El hombre comenzó a temblar.

—Solo recibí la orden. Me dijeron que debía asegurarme de que los documentos no llegaran a manos de la princesa.

Sentí un golpe en el pecho.

—¿La princesa?

El soldado me miró.

—Sí, mi señora.

Lucien se volvió hacia mí.

—¿Te reconoció alguien cuando saliste del palacio?

—No.

Derek se levantó.

—¿Quién más recibió esa orden?

—No lo sé.

—¿Quién te la entregó?

El soldado tardó en responder.

—Un mensajero.

—¿Su nombre?

—No lo dijo.

Derek cerró los ojos un instante, intentando contener su furia.

Lucien se inclinó hacia el soldado.

—Si estás ocultando información, no solo arriesgas tu puesto. También tu vida.




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