La Esposa De Mi Enemigo

Capítulo 18

No dormí aquella noche.

La frase de Derek había quedado dando vueltas en mi cabeza mucho después de que abandonáramos el despacho de mi padre.

El hombre que nunca cruzó la frontera.

Había algo en aquellas palabras que me incomodaba.

No porque creyera que el antiguo consejero militar estuviera vivo.

Sino porque, por primera vez, me preguntaba si alguna vez habíamos tenido pruebas de que realmente hubiera muerto.

A la mañana siguiente, bajé a desayunar antes de que Derek apareciera.

Mi madre ya estaba allí.

—Tienes mala cara —dijo apenas me vio.

—Gracias.

Ella sonrió débilmente.

—No era un cumplido.

Me senté frente a ella y tomé la taza entre las manos.

Durante unos segundos no dije nada.

Había aprendido que algunas preguntas podían cambiar una conversación para siempre.

—Mamá...

Ella levantó la mirada.

—¿Sí?

—¿Qué recuerdas del consejero militar de papá?

Su expresión cambió.

Fue apenas un instante.

Pero lo vi.

—¿Por qué preguntas por él?

—Porque encontré su nombre entre los documentos de papá.

No era exactamente mentira.

Solo omitía una parte importante.

Mi madre dejó lentamente la taza sobre la mesa.

—Se llamaba Edmund Vale.

El nombre hizo que mi estómago se tensara.

Derek había mencionado que el antiguo administrador de suministros se llamaba Edmund Vale.

Pero todavía no sabía si se trataba de la misma persona.

—¿Era consejero militar?

—Durante los últimos años de la guerra, sí. Antes había trabajado con los suministros del ejército.

Me quedé quieta.

—¿Y murió?

Mi madre tardó demasiado en responder.

—Eso dijeron.

—¿Quién lo confirmó?

Ella frunció el ceño.

—Freya...

—Necesito saberlo.

Mi madre suspiró.

—Hubo un incendio en una instalación militar del norte. Dijeron que él estaba allí.

—¿Encontraron su cuerpo?

Silencio.

No necesitaba escuchar la respuesta.

—No —dijo finalmente.

Sentí un escalofrío.

—Entonces nadie confirmó que muriera.

—Han pasado años. No puedes construir una historia alrededor de eso.

—Papá sí podía.

Mi madre bajó la mirada.

—Tu padre tenía muchas preocupaciones.

—Y también secretos.

Ella me miró con tristeza.

—Freya, ten cuidado con lo que buscas.

—Eso me han dicho todos.

—Porque quizá tengan razón.

Antes de que pudiera responder, escuchamos pasos en el corredor.

Derek apareció en la puerta.

Al vernos, supo inmediatamente que estábamos hablando de algo importante.

—¿Qué ocurrió?

—Mamá recuerda a Edmund Vale.

Derek se quedó inmóvil.

—¿Edmund Vale?

—Sí —respondí—. Trabajó con los suministros y después fue consejero militar.

Derek se acercó.

—¿Sabes algo más?

Mi madre negó lentamente con la cabeza.

—Solo que desapareció después de la guerra.

Derek me miró.

—¿Desapareció?

—Eso dijeron.

Lo observé.

Había algo en su rostro.

Algo que no había visto antes.

—Tú ya sabías algo.

Derek apartó la mirada.

—No exactamente.

—Derek.

—Escuché ese nombre hace años.

—¿Dónde?

Tardó unos segundos en responder.

—En los archivos de la guardia.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

—¿Qué decía?

—Que Edmund Vale había sido trasladado a una oficina conjunta entre Terranova y Silvania.

—¿Después de la guerra?

—Sí.

Miré a mi madre.

Ella parecía tan sorprendida como yo.

—Entonces no murió durante la guerra —dije.

—No necesariamente —respondió Derek—.

Solo significa que alguien registró su traslado.

La diferencia era pequeña.

Pero podía cambiarlo todo.

Una hora después, estábamos en los archivos.

El lugar olía a papel viejo, madera y polvo.

Derek conocía los registros mejor que yo.

Sacó varios libros y los dejó sobre una mesa.

—Si Vale realmente trabajó en una oficina conjunta, debería existir un registro de entrada y salida.

—¿Y si alguien lo eliminó?

Derek me miró.

—Entonces sabremos que alguien quería ocultarlo.

Comenzamos a revisar documentos.

Pasaron minutos.

Luego una hora.

Nada.

Hasta que Derek abrió un libro mucho más antiguo.

—Aquí.

Me acerqué.

Había una lista de nombres.

Edmund Vale.

Cargo: administrador de suministros.

Fecha de traslado: tres meses después de la muerte del príncipe.

Destino: oficina conjunta del paso norte.

Sentí un nudo en el pecho.

—Entonces estuvo allí.

Derek pasó el dedo por la siguiente línea.

—Mira esto.

La fecha de su última entrada.

Un año después.

—¿Qué significa? —pregunté.

—Que alguien registró que seguía trabajando allí.

—¿Y después?

Derek pasó varias páginas.

Nada.

Ni traslado.

Ni muerte.

Ni renuncia.

Simplemente desaparecía del registro

—Es como si hubiera dejado de existir —murmuré.

Derek cerró lentamente el libro.

—O como si alguien hubiera querido que pareciera eso.

No tuve tiempo de responder.

Escuchamos pasos detrás de nosotros.

Nos giramos.

Lucien estaba en la entrada.

Su expresión cambió al ver los documentos sobre la mesa.

—¿Qué encontraron?

Derek lo observó durante unos segundos.

—Un nombre.

Lucien entró.

—¿Cuál?

Derek señaló el registro.

—Edmund Vale.

Lucien se quedó completamente quieto.

—¿Estás seguro?

—Sí.

Lucien tomó el libro.

Sus ojos recorrieron las páginas.

—Este hombre trabajó para mi padre.

—¿Lo conocías? —pregunté.

—No personalmente.

Pasó otra página.

—Pero he visto su nombre en informes antiguos.

—¿Qué tipo de informes?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.