La esposa descartable. Renacer en silencio

3. Modo supervivencia

3. Modo supervivencia

✨🪷✨

🌟Estefanía🌟

Llego a la cocina siguiendo el sonido rítmico de una espátula golpeando la sartén. El olor a café fuerte y pan tostado flota en el aire, denso, reconfortante. La luz de la mañana entra sin pedir permiso, se cuela por la ventana y cae sobre la mesa como si todo estuviera en orden. Como si ayer no hubiera sucedido nada.

Katy está frente a la cocina, concentrada, tarareando una canción cualquiera. Lleva el cabello recogido de forma desordenada y una expresión que se transforma apenas me ve aparecer en el umbral.

—¡Tefy!… —dice, y sonríe—. Qué bueno que estás despierta. —Deja la espátula y se limpia las manos en el pantalón—. Justo estaba preparando el desayuno para llevártelo. ¿Cómo estás?

Abro el refrigerador, tomo una banana y la pelo con calma excesiva, casi estudiada. Me apoyo en la encimera como si no tuviera prisa por nada.

—Bien —respondo mientras como la fruta—. Tranquila.

Katy frunce el ceño. Me observa como si buscara grietas invisibles.

—¿De verdad? —pregunta—. Porque anoche parecías… vacía, te sentí llorar. Pensé que hoy te iba a encontrar hecha polvo.

Doy otro mordisco y mastico despacio.

—Me dormí después del baño —digo—. Me desperté cerca de la una.

—¿No podías dormir? —pregunta de inmediato, acercándose.

—No. Dormí bien. —Eso la desconcierta aún más.

—Entonces… ¿por qué estabas despierta a esa hora?

—Me levanté —respondo, encogiéndome de hombros—. Hice algunas consultas, comí algo y ordené mis cosas.

Katy deja la taza de café sobre la mesa con un golpe seco.

—¿Qué tipo de cosas? —La miro por fin.

—Las necesarias. —Suspira, claramente incómoda.

—Tefy, cuando dices eso, suenas como alguien que ya decidió algo muy grande sin avisarle a nadie.

—Quizás —digo, sin negarlo y ella cruza los brazos.

—Ayer te quitaron todo —me recuerda—. El trabajo, el apellido, el matrimonio. No puedes estar tan… despreocupada. Removieron tu vida desde todos los lados.

Sonrío apenas.

—Me descartaron de todo —digo—. Y les va a pesar.

El silencio se instala entre nosotras como una sombra. Katy me observa con atención renovada. Ya no es solo preocupación. Es intriga.

—¿Qué significa eso? —pregunta despacio—. Porque suena a amenaza, y tú no sueles hablar así.

—No es una amenaza —respondo—. Es una consecuencia, anoche busqué asesoría.

Tomo otra banana y la dejo sobre la mesa, sin pelarla.

—Creen que me fui sin nada —añado—. Que me sacaron del tablero. Que soy irrelevante.

—¿Y no lo eres? —pregunta con cautela.

—Nunca lo fui. —Lamiro a los ojos—. Ellos no saben pero pronto van a reaccionar.

Katy traga saliva.

—Eso es lo que me da miedo —confiesa—. Esa calma tuya. No estás triste, no estás furiosa… estás demasiado centrada y los Vlada no juegan limpio.

—Nunca lo han hecho —digo—. Solo que ahora ya no tengo que fingir que no lo sé.

Ella se acerca un poco más.

—Evaristo tiene abogados, dinero, contactos. Magda vive de apariencias, pero sabe destruir reputaciones. Y Nidel… —hace un gesto vago—. No es brillante, pero sabe obedecer.

—No me preocupan —respondo con honestidad—. Me preocuparía si siguiera dependiendo de ellos. Tienen las manos atadas y pronto lo descubriran. —Katy niega con la cabeza.

—No entiendo la magnitud de lo que estás diciendo —admite—. Eso me asusta. Porque suena a que estás varios pasos adelante y yo sigo tratando de entender qué pasó ayer.

Tomo una taza y me sirvo café.

—Ayer me sacaron de su mundo —digo—. Hoy estoy construyendo el mío.

Bebo un sorbo. El café quema un poco, me mantiene anclada.

—Entonces sabré que voy por el camino correcto.

Katy me mira largo rato. Finalmente suspira.

—Prométeme algo —pide—. Que no te vas a meter en algo que no puedas manejar sola.

—No estoy sola —respondo, mirándola—. Estoy preparada y tendré al mejor abogado conmigo.

Katy asiente, aunque sigue inquieta.

—Está bien —dice al fin—. Pero si los Vlada intentan algo, quiero saberlo.

—Serás la primera —le aseguro.

Apoyo la taza en la mesa y respiro hondo.

Ellos creen que me descartaron. Yo sé que solo me liberaron.

—Eso espero.

—Te voy a decir algo para que no te angusties —añado—. Hice algunos cambios en mis cuentas. Mis redes. Cerré accesos, modifiqué correos de recuperación, activé verificaciones. Cosas básicas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.