En una fiesta de disfraces, había caballeros con cabellos sedosos y rasgos finos que llevaban una máscara que resaltaba esos rasgos masculinos que atraían más a las jovencitas de la sociedad. Damas que buscaban hacerse notar en la alta sociedad; jovencitas con su chaperona, cubiertas de joyas y ataviadas con hermosos vestidos, acompañadas de una máscara para atraer un buen prometedor de matrimonio.
Un salón con candelabros con pequeños focos que atraían muchas miradas curiosas: quienes llegaron solo para mirar la primera casa que se adaptaba a la modernidad de los inventos del famoso inventor Thomas Edison. Ya habían pasado unos cuantos años y el mundo estaba cambiando. Esta casa, la casa de los Sindirgan, era la primera en adquirir todo lo moderno y agregarlo a su hogar.
Invitaron a toda la burguesía, desde apellidos importantes hasta nuevos ricos capitalistas de la edad dorada.
En un jardín se fueron a encontrar, ya escrito en una carta anticipada, dos jóvenes con edad suficiente para el matrimonio. Una joven y un caballero se abrazaron sin quitarse la máscara.
El hombre, quien iba a tomar la palabra, fue interrumpido por un grito. Un alarido que atravesó la música, las risas y el murmullo de los invitados. Las copas se detuvieron en el aire. Las máscaras se volvieron hacia el origen del sonido. Esperaban algún chisme o desgracia en la parte más oscura y fea de sus corazones, cubierta por la etiqueta y el "qué dirán".
La gente murmuraba al llegar y señalaba con el dedo a la muchacha, porque era mujer y ya había perdido su integridad. No es que significara algo, porque toda mujer ya no llegaba virgen al matrimonio; eso era mentira. Muchas ya conocían el romance en secreto, pero era un secreto.
Entre las personas, ya los obligaron a dar solución.
La señora de la fiesta, la honorable entro y dijo: "Se van a casar, el compromiso ya esta dicho por las familias, hay una carta de prueba"
Suspira y con todo su porte ilustre se posa cubriendo a la pareja en frente de tantas personas sin miedo a sus miradas juzgadora: "No hay nada que ver sigamos con la fiesta o podemos dar fin a la reunión. Esperaba que pudieran todos probar el teléfono de servidumbre por si desean algo."