El despacho de Alexis era amplio y luminoso, con una vista privilegiada de la ciudad. Pero algo estaba fuera de lugar. Los papeles estaban desordenados sobre el escritorio, y uno de los cajones estaba entreabierto, como si alguien lo hubiera revisado con prisa.
Clara cerró la puerta tras ellos y bajó la voz.
—Señora Sasha, lo que voy a decirle no es fácil. Hace unos días, el señor Alexis me pidió que preparara un cheque especial para el consorcio del sur. Los empleados de esa filial no recibían su pago desde hacía dos meses, y el señor Alexis insistió en que había que solucionarlo de inmediato. Pero cuando intenté tramitarlo, el sistema lo bloqueó.
—¿Bloqueado? —repitió Sasha, frunciendo el ceño—. ¿Por qué?
Clara titubeó. Miró a Alexis, que permanecía de pie junto a la ventana, ajeno a la conversación.
—Porque el cheque superaba el monto autorizado para el señor Alexis —susurró Clara—. Necesitaba la autorización del consejo directivo. Pero cuando envié la solicitud, alguien del departamento de auditoría respondió que... que la cuenta del consorcio del sur había sido congelada.
Sasha sintió un escalofrío.
—¿Congelada? ¿Por qué?
—Por una investigación de fraude —dijo Clara, con voz temblorosa—. Alguien ha estado desviando fondos de esa filial durante meses. Y todos los rastros apuntan a su hermano Nico estaba autorizando los pagos.
El silencio se hizo pesado en la oficina. Sasha miró a su esposo, pero él seguía observando la ciudad a través del cristal, como si estuviera en otro mundo.
—Eso es imposible —dijo Sasha, con firmeza—. Mi hermano jamás haría algo así.
—Yo también creía eso —respondió Clara—. Pero ayer encontré esto en su archivo.
La secretaria extrajo del sobre un documento doblado y se lo tendió a Sasha. Era una carta fechada tres semanas atrás, con el membrete de la empresa. En ella, Nico ordenaba la transferencia de una cantidad considerable de dinero a una cuenta bancaria en el extranjero. La firma era la de él, o al menos una copia muy convincente.
Sasha sintió que las piernas le flaqueaban. Se apoyó en el escritorio para no caerse.
—Esto no puede ser —murmuró—. Él no...
—Hay más —dijo Clara, con la voz aún más baja—. He estado investigando por mi cuenta, y descubrí que el accidente del señor Alexis no fue casual. Alguien le tendió una emboscada. La noche que perdió la memoria, salió de la oficina muy tarde y su coche fue encontrado en una zanja cerca del puente viejo. Pero la policía nunca investigó a fondo. y el señor Nico habia hablado con el señor esa noche antes del accidente.
Sasha levantó la vista, sintiendo una mezcla de ira y terror.
—¿Está diciendo que alguien intentó matarlo?
—O al menos hacerlo desaparecer —respondió Clara, con los ojos brillantes de lágrimas—. Lo siento, señora Sasha. No quería asustarla, pero usted tenía que saber la verdad.
Alexis se giró lentamente desde la ventana. Su rostro seguía vacío, pero por un instante, Sasha juró ver un destello de confusión en sus ojos.
—¿De qué están hablando? —preguntó él, con un tono que intentaba ser firme, pero quebrada por la incertidumbre—. ¿Qué es todo esto?
Sasha se acercó a él y tomó sus manos entre las suyas. Apretó con fuerza, como si pudiera transmitirle toda su desesperación a través del contacto.
—Alexis, por favor —dijo—. Tienes que recordar. Algo importante está pasando, y necesito que estés conmigo. No puedes dejarme sola en esto.
Alexis la miró largo rato. Sus ojos, que antes habían estado perdidos, parecían enfocarse en el rostro de Sasha como si la viera por primera vez.
—Sasha... —dijo él, titubeando—. Siento que... que debería saberlo. Pero todo está borroso. Como si alguien hubiera borrado una parte de mí.
Las lágrimas de Sasha finalmente cayeron. No pudo contenerlas más.
—Entonces empecemos de nuevo —dijo ella, con voz rota—. Dime lo que sientes ahora, en este momento. Sin recuerdos. Solo dime lo que ves cuando me miras.
Alexis parpadeó. Su mano, aún entre las de Sasha, tembló ligeramente.
—Veo a alguien que me importa —respondió él, lentamente—. No sé por qué, pero lo sé. Es como si algo dentro de mí lo supiera, aunque mi mente no pueda alcanzarlo.
Sasha sonrió entre lágrimas. Era un pequeño triunfo, pero suficiente para seguir adelante.
—Necesito que firmes el cheque —dijo, volviéndose hacia Clara—. Pero no para pagar a los empleados. Necesito que firmes este documento en blanco.
Clara abrió los ojos con sorpresa.
—¿Señora Sasha? Eso no es...
—Confía en mí —interrumpió Sasha—. Si alguien está intentando incriminar a Nico, tenemos que descubrir quién es. Y la única forma es seguir el rastro del dinero. Necesito una firma que parezca auténtica para tender una trampa.
Clara dudó, pero finalmente asintió. Tomó un papel en blanco y lo puso sobre el escritorio, junto a una pluma.
—Alexis —dijo Sasha, guiándolo hacia la silla—. Solo escribe tu nombre. Tal como lo hacías siempre.