Valentina volvió a leer la carta.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
Las palabras seguían allí.
“Tu padre fue quien ordenó matarnos.”
Levantó lentamente la mirada.
Dante no apartó los ojos de ella.
Por primera vez desde que lo conocía, no parecía el hombre frío y seguro que siempre tenía una respuesta.
Parecía un hombre que acababa de perder algo.
—¿Es verdad? —preguntó Valentina.
Dante no respondió.
—Dante.
Alessandro permaneció en silencio.
Valentina apretó la carta entre sus dedos.
—Te estoy preguntando a ti.
Dante cerró los ojos durante unos segundos.
—Sí.
Una sola palabra.
Y fue suficiente.
Valentina sintió que las piernas le temblaban.
—Entonces tu padre...
—Sí.
—Él ordenó matar a mi familia.
—Sí.
—¿Y tú lo sabías?
Dante negó.
—No en aquel momento.
—Pero después lo descubriste.
—Sí.
Valentina dio un paso atrás.
—¿Cuándo?
—Hace cuatro años.
Ella lo miró con incredulidad.
—¿Y desde entonces me has estado vigilando?
—Sí.
—¿Por qué?
Dante respiró profundamente.
—Porque sabía que algún día alguien intentaría encontrarte.
Valentina dejó escapar una risa amarga.
—Qué conveniente.
—No espero que me creas.
—Entonces dime algo que pueda creer.
Dante se acercó.
—Tu madre me pidió que te protegiera.
Valentina negó.
—¿Cuándo?
—La noche del ataque.
—¿Tú estabas allí?
—Sí.
—¿Y por qué ella confiaría en ti?
Dante bajó la mirada.
—Porque yo tenía dieciséis años.
Valentina se quedó inmóvil.
—¿Qué?
—Mi padre me llevó aquella noche. Quería que aprendiera cómo funcionaba nuestra familia.
Dante apretó la mandíbula.
—Yo no sabía lo que iba a suceder.
—¿Viste a mi madre?
—Sí.
—¿Y a mi padre?
—También.
Valentina sintió un nudo en la garganta.
—¿Qué pasó?
Dante miró a Alessandro.
—Tu padre intentó sacar a Isabella y a ti de la casa.
Alessandro cerró los ojos.
—Lo consiguió.
Valentina lo miró.
—¿Entonces por qué mi madre murió?
Alessandro respondió con la voz rota.
—Porque volvió por mí.
Valentina quedó en silencio.
—Ella podía escapar —continuó Alessandro—. Pero cuando descubrió que me habían capturado, regresó.
Dante asintió.
—Tu madre sabía que no saldríamos los dos.
Valentina miró a Dante.
—¿Y tú?
—Yo ayudé a Alessandro a escapar.
—¿Por qué?
Dante tardó unos segundos.
—Porque tu madre me pidió que lo hiciera.
Valentina miró a su padre.
—¿Dónde estaba yo?
Alessandro respondió:
—Con la mujer que te escondió.
—¿Quién?
Él bajó la mirada.
—Una amiga de tu madre.
Valentina sintió que una nueva pregunta aparecía.
—¿Quién era?
Alessandro no contestó.
Dante intervino:
—Murió hace ocho años.
Valentina cerró los ojos.
Otra persona.
Otro secreto.
Otra parte de su vida que jamás había conocido.
—Estoy cansada —susurró.
Dante se acercó.
—Lo sé.
—No.
Ella negó con la cabeza.
—No sabes.