Valentina permaneció inmóvil.
No sabía qué pensar.
No sabía qué sentir.
Durante unos segundos, solamente escuchó el sonido de su propia respiración.
—Repítelo.
Dante no apartó los ojos de ella.
—Isabella De Luca podría estar viva.
—No.
—Valentina...
—¡No! —gritó ella—. Mi madre murió hace veintitrés años.
Dante guardó silencio.
—Alessandro dijo que murió.
—Alessandro creyó que murió.
Aquella frase hizo que Valentina se quedara callada.
—¿Qué quieres decir?
Dante sacó nuevamente la fotografía.
La mujer estaba de espaldas, caminando junto a Gabriel hacia la zona de embarque.
—Esta imagen fue tomada hace menos de una hora.
Valentina tomó el teléfono con manos temblorosas.
Amplió la fotografía.
La mujer llevaba un abrigo oscuro y el cabello recogido.
No podía verle el rostro.
—Esto no demuestra nada.
—Lo sé.
—Entonces ¿por qué dijiste que era mi madre?
Dante señaló la mano de la mujer.
En su muñeca había una pulsera.
Valentina sintió un escalofrío.
Era idéntica a la que ella llevaba desde bebé.
—Esa pulsera...
—Es de los De Luca.
Valentina levantó la mirada.
—¿Y Gabriel?
—La estaba acompañando.
—¿A dónde?
—Eso todavía no lo sabemos.
Valentina comenzó a caminar de un lado a otro.
—Tengo que hablar con Alessandro.
—Ya está aquí.
Ella se giró.
—¿Qué?
Dante señaló hacia la puerta.
Alessandro entró acompañado por dos hombres.
—¿Qué ocurrió? —preguntó.
Valentina corrió hacia él.
—¿Mi madre está viva?
Alessandro se quedó completamente pálido.
—¿Quién te dijo eso?
—Dante.
Alessandro miró a Dante.
—¿Qué viste?
Dante le mostró la fotografía.
Alessandro la tomó.
Durante varios segundos no dijo nada.
Después se llevó una mano al rostro.
—No...
—¿La reconoces? —preguntó Valentina.
Alessandro levantó lentamente la mirada.
—No puedo ver su rostro.
—Pero reconoces la pulsera.
Alessandro cerró los ojos.
—Sí.
Valentina sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—Entonces puede ser ella.
—Puede.
—¿Tú sabías que podía estar viva?
Alessandro tardó demasiado en responder.
Y ese silencio fue suficiente.
—¡Tú lo sabías!
—No estaba seguro.
—¡Pero lo sospechabas!
—Valentina...
—¡Todos ustedes saben cosas sobre mi familia menos yo!
Alessandro intentó acercarse.
Ella retrocedió.
—No me toques.
Alessandro bajó la mano.
—Tu madre me pidió que te protegiera.
—¿Y protegerme significaba mentirme?
—Si te decía la verdad, te ponía en peligro.
—¡Ya estoy en peligro!
Su voz se quebró.
—Estoy casada con un hombre que dirige una organización criminal, alguien está intentando encontrarme y ahora descubro que quizás mi madre está viva.
Dante la miró.
—No estás sola.
Valentina giró hacia él.
—Ese es el problema, Dante. Llevo toda mi vida rodeada de personas que decidieron qué debía saber.
Nadie respondió.
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Dos horas después, tenían una sola pista.
El vuelo.
Gabriel había comprado dos boletos.
Destino: Lisboa.
Valentina miró la pantalla.
—Portugal.
Dante asintió.
—Pero no abordaron.
—¿Qué?