La esposa que el mafioso no debía amar

Capítulo 20 — El nombre que nunca debió existir

La habitación quedó en silencio.

Valentina seguía mirando la fotografía sobre la mesa.

La imagen de 2009 parecía observarla de vuelta.

Ella, con seis años, sonriendo frente a una pequeña torta de cumpleaños.

Gabriel detrás de ella.

Vittorio Moretti unos metros más atrás.

Y aquella mujer.

La mujer cuyo rostro apenas aparecía en la fotografía.

La mujer que llevaba el mismo collar que Isabella.

—No puede ser —susurró Valentina.

Dante no respondió inmediatamente.

Seguía inclinado sobre la fotografía, examinándola con una concentración casi obsesiva.

—¿Qué? —preguntó ella.

—El collar.

—Lo sé.

—No. No me refiero solamente al collar.

Dante señaló una pequeña parte de la imagen.

—Mira su mano.

Valentina acercó la fotografía.

La mujer tenía los dedos apoyados sobre el hombro de Vittorio.

En uno de ellos llevaba un anillo.

Un anillo pequeño, oscuro, con un símbolo grabado.

El mismo símbolo que aparecía en el medallón de Valentina.

Ella sintió que el estómago se le revolvía.

—Ese símbolo…

—Es de los De Luca.

Valentina levantó la mirada.

—¿Entonces ella era de mi familia?

—Eso parece.

—¿Mi tía?

Dante respiró lentamente.

—Podría ser.

—¿Y cómo nadie me habló de ella?

—Porque aparentemente alguien hizo un esfuerzo enorme para que no supieras que existía.

Valentina soltó una risa nerviosa.

—Qué sorpresa.

Se apartó de la mesa y comenzó a caminar de un lado a otro.

—Primero descubro que mi padre no es mi padre. Después descubro que mi madre no murió cuando yo nací. Luego descubro que un hombre que supuestamente murió hace más de veinte años estuvo vigilándome durante mi infancia. Ahora resulta que mi madre quizá tenía una hermana.

Se detuvo.

—¿Sabes qué es lo peor?

Dante la observó.

—¿Qué?

—Que ya ni siquiera sé qué parte de mi vida fue real.

Él guardó silencio.

Valentina bajó la mirada.

—Yo tenía una familia.

—La tienes.

—No.

Su voz salió más quebrada de lo que esperaba.

—No sé quiénes son.

Dante dio un paso hacia ella.

—Valentina…

—No.

Ella levantó una mano.

—No me digas que todo estará bien.

Dante se detuvo.

—Porque no lo sabes.

—No.

—Tampoco sabes si puedo confiar en ti.

Dante sostuvo su mirada.

—No.

Valentina tragó saliva.

—Pero sigues aquí.

—Sí.

—¿Por qué?

Él tardó unos segundos en responder.

—Porque te prometí que no dejaría que nadie te hiciera daño.

—Eso me lo dijiste cuando todavía pensaba que nuestro matrimonio era solamente un contrato.

—Lo sigue siendo.

Valentina sintió algo extraño en el pecho.

—¿De verdad?

Dante no respondió.

Y ese silencio dolió más que cualquier palabra.

---

Alessandro seguía en la casa.

Había pasado casi una hora desde que encontraron la fotografía y ninguno de los tres había conseguido avanzar.

Valentina llevó la imagen hasta él.

—¿La conoces?

Alessandro la tomó.

Su rostro cambió inmediatamente.

Fue apenas un segundo.

Pero Valentina lo vio.

—La conoces.

Alessandro levantó la mirada.

—Sí.

—¿Quién es?

Él dejó escapar el aire lentamente.

—Su nombre era Elena.

Valentina sintió un escalofrío.

—¿Era?

—No sé si está viva.

—Eso no responde mi pregunta.

Alessandro miró nuevamente la fotografía.

—Elena De Luca.

El corazón de Valentina comenzó a latir con fuerza.

—¿Mi tía?

Alessandro no contestó.

—¡¿Mi tía?!

—Sí.

Valentina cerró los ojos.

Por alguna razón, escuchar aquella palabra hizo que todo se sintiera todavía más real.

Una tía.

Alguien que había existido antes de ella.

Alguien que conocía a Isabella.

Alguien que aparecía en una fotografía de su infancia.

—¿Por qué nunca me hablaste de ella?

—Porque no sabía dónde estaba.

—¿Eso es todo?

—No.

Alessandro bajó la mirada.

—Porque Elena estaba relacionada con la Hermandad.

Dante se tensó.

—¿Desde cuándo?

Alessandro lo miró.

—Desde mucho antes de que tú supieras que existía.

Valentina cruzó los brazos.

—Explícame.

Alessandro tomó asiento.

—Elena era la menor de tres hermanos.

Valentina frunció el ceño.

—¿Tres?

—Sí.

—Pero Isabella decía que no tenía hermanos.

Alessandro asintió lentamente.

—Porque uno de ellos murió cuando era muy pequeño.

—¿Y el otro?

Silencio.

Valentina sintió que la respuesta estaba a punto de cambiarlo todo otra vez.

—¿Quién era?

Alessandro la miró directamente.

—El verdadero padre de Isabella.

Dante levantó la cabeza.

—¿Qué?

Alessandro se puso de pie.

—El hombre que todos creíamos que era el padre de Isabella… no lo era.

Valentina sintió que las piernas le flaqueaban.

—Entonces… ¿quién fue?

Alessandro negó lentamente.

—No lo sé.

—¡Tú conocías a Isabella!

—Sí.

—¡Estuviste con ella durante años!

—Sí.

—¡Entonces tienes que saberlo!

Alessandro golpeó suavemente la mesa con la palma.

—¡No, Valentina!

Ella se quedó callada.

—Hay cosas que ni siquiera Isabella conocía.

Dante intervino.

—¿Estás diciendo que Isabella no sabía quién era su verdadero padre?

—Estoy diciendo que alguien se aseguró de que ella creyera una historia falsa durante toda su vida.

Valentina miró a Dante.

—Entonces el mensaje…

—No hablaba de una metáfora —dijo él.

—Hablaba literalmente.

Alessandro asintió.

—Sí.

Valentina volvió a mirar la fotografía.

Elena.

La hermana de Isabella.

Una mujer que aparentemente había desaparecido.




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