La esposa que el mafioso no debía amar

Capítulo 22 — La hermana de Isabella

Valentina se quedó inmóvil.

No podía apartar los ojos de la ventana.

Elena seguía allí.

De pie junto a Gabriel.

Mirando exactamente hacia el lugar donde estaban escondidos.

—Sabe que estamos aquí —susurró Valentina.

Dante no respondió.

—Dante…

—Lo sé.

—¿Y ahora qué hacemos?

Él observó la puerta de la habitación.

—Nada.

Valentina lo miró confundida.

—¿Nada?

—Esperamos.

—¿Esperamos a que entren?

—No van a entrar.

—¿Cómo lo sabes?

Dante volvió a mirar por la ventana.

—Porque Gabriel no permitiría que alguien entrara sin avisar.

Valentina frunció el ceño.

—¿Y desde cuándo confías en él?

—No confío en él.

—Entonces…

—Pero conozco a tu padre.

Aquellas palabras hicieron que Valentina se quedara callada.

Dante abrió lentamente la puerta de la habitación.

—Quédate aquí.

—No.

—Valentina.

—Voy contigo.

—Puede ser peligroso.

—Es mi familia.

Dante la miró durante unos segundos.

Finalmente asintió.

—Entonces no te separes de mí.

Salieron de la habitación.

El pasillo estaba oscuro.

Cada paso parecía demasiado fuerte.

Cuando llegaron a la entrada, Gabriel ya estaba dentro de la casa.

Elena permanecía detrás de él.

Valentina sintió que el pecho se le apretaba.

Había visto a esa mujer en fotografías.

Había leído su nombre.

Había imaginado cientos de veces quién podía ser.

Pero tenerla frente a ella era diferente.

Elena la observó en silencio.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Has crecido mucho.

Valentina no supo qué responder.

—¿Me conoces?

Elena sonrió con tristeza.

—Te conozco desde antes de que tú pudieras conocerme.

Dante dio un paso hacia adelante.

—¿Quién eres exactamente?

Elena lo miró.

Su expresión cambió.

—Tú eres Dante Moretti.

—Sí.

—El hijo de Massimo.

Dante endureció la mandíbula.

—Sí.

Elena sostuvo su mirada.

—Entonces eres igual que él.

Valentina intervino inmediatamente.

—No.

Los dos la miraron.

—No lo conoces como yo lo conozco —continuó ella—. Y no voy a permitir que lo juzgues solamente por su apellido.

Dante la miró sorprendido.

Elena también.

—Lo defiendes —dijo Elena.

Valentina bajó la mirada.

—No lo estoy defendiendo. Estoy diciendo que las personas no deberían pagar por lo que hicieron otros.

Elena permaneció en silencio.

Finalmente asintió.

—Isabella pensaba igual.

Valentina sintió un pequeño golpe en el pecho.

—Háblame de ella.

Elena respiró profundamente.

—Primero necesito saber algo.

—¿Qué?

—¿Qué te ha contado Alessandro?

Valentina se tensó.

—Muchas cosas.

—Eso no responde mi pregunta.

—¿Por qué importa?

Elena miró a Gabriel.

Él permanecía callado.

—Porque Alessandro no siempre te contó la verdad.

Valentina sintió que la paciencia comenzaba a agotarse.

—Estoy cansada de esa frase.

Elena frunció el ceño.

—¿Qué frase?

—«No te han contado toda la verdad».

Valentina levantó ambas manos.

—Todos me dicen lo mismo. Todos saben algo. Todos tienen secretos. Todos me piden que espere.

Sus ojos comenzaron a humedecerse.

—Yo soy la única persona de esta historia que no sabe nada.




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