
La puerta todavía vibra después de que Evelyn sale.
Vittorio se queda mirando hacia ella.
Yo también.
—Eso salió bien.
Me dedica una mirada capaz de incomodar a otro hombre.
—No necesito comentarios.
—Entonces no deberías haberme pedido que estuviera presente.
Me levanto.
No tenía ninguna razón para estar aquí cuando se lo dijera.
Acepté porque Vittorio insistió en que Evelyn debía conocer la decisión con ambos presentes. Pensé que quizá tenía razón. Después de todo, si voy a convertirme en su marido, esconderme mientras su padre le comunica la noticia habría sido cobarde.
Ahora creo que los dos cometimos un error.
—Te dije que no me gustaba cómo estabas manejando esto.
—No había una manera agradable de decírselo.
—Existe una distancia considerable entre agradable y decirle que no tiene elección.
Vittorio rodea el escritorio.
—No la tiene.
—Eso no significa que necesite escucharlo de esa manera.
Me mira con atención.
—Parece importarte mucho para un hombre que no quería casarse con ella.
—Sigo sin querer.
No necesito pensarlo.
El matrimonio es conveniente.
Nada más.
Necesitamos a los Russo y ellos nos necesitan a nosotros. Los acuerdos empresariales son solo la parte visible de una estructura mucho más grande que lleva meses tensándose. Territorios, contratos, rutas, capital y dos familias que juntas pueden evitar que terceros interpreten una debilidad temporal como una invitación.
Un matrimonio permanente elimina dudas.
No es romántico.
Es eficaz.
Lo acepté por eso.
No porque llevara años esperando esposa.
Mucho menos una de veintitrés.
—La edad sigue molestándote —dice Vittorio.
—Sí.
—Mi hija es adulta.
—Nunca dije lo contrario.
Evelyn dejó bastante claro hace cinco minutos que sabe defenderse sola.
Eso no cambia los números.
Treinta y cinco.
Veintitrés.
Doce años.
He vivido una vida completa desde que tenía su edad. A los veintitrés era un hombre mucho más estúpido, violento y convencido de saber cosas que apenas comprendía. Evelyn debería poder cometer sus propios errores antes de quedar atada permanentemente a los míos.
—Daniel tampoco es relevante —dice Vittorio.
Lo miro.
—Para ella sí.
—Se le pasará.
—No vuelvas a decirle eso.
Sus cejas se levantan.
—¿Perdón?
—Si quieres conservar una relación con tu hija, no le digas que se le pasará amar al hombre con quien lleva dos años.
—No necesito consejos sobre paternidad.
—Perfecto. Entonces hemos terminado.
Tomo mi teléfono.
Luca lleva dos llamadas.
—No —dice Vittorio—. Todavía debemos establecer las fechas.
Me detengo.
—Hoy no.
—Dante.
—Tu hija acaba de descubrir que decidiste con quién pasará el resto de su vida. Dale unas horas antes de elegir las flores.
—No habrá nada inmediato.
—Bien.
—Pero el compromiso debe anunciarse pronto.
Lo miro.
—Primero habla con ella.
—Hablaré.
—Y explícale todo lo que puedas.
Vittorio no responde.
Ahí está el verdadero problema.
Evelyn trabaja en Russo Group, pero Vittorio la mantuvo deliberadamente lejos de la otra parte de la familia. Puede conocer rumores. Seguramente entiende más de lo que su padre supone. Pero no sabe hasta qué punto la alianza con los Moretti se ha vuelto necesaria.
Tampoco sabe que yo puse condiciones.
Una de ellas fue que continuara con su vida.
—Hay otra cuestión —dice Vittorio—. Evelyn va a querer conservar su puesto después de la boda.
Frunzo el ceño.
—¿Y?
—Vivirá contigo.
—No veo la relación.
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Editado: 28.08.2026