La Esposa Que No Quería

03. Todo el mundo sabía

Evelin

Daniel llega a mi apartamento antes que yo.

Lo descubro porque cuando el automóvil se detiene está sentado en los escalones de la entrada.

Durante un segundo considero pedirle al conductor que siga.

No lo hago.

Estoy demasiado cansada para huir.

Daniel se pone de pie cuando bajo.

—Evie.

—No.

—Por favor.

Paso junto a él.

—Necesito explicarte.

—Tú necesitas explicar. Yo no necesito escuchar.

Entra detrás de mí al vestíbulo porque el portero lo conoce. Eso me irrita más de lo que debería.

—Evelyn.

Me giro.

—No subas.

Se detiene.

Tiene la camisa abrochada.

Qué detalle absurdo para notar.

Hace unas horas estaba abierta.

—Fue un error.

Me río.

—No uses esa palabra.

—¿Qué?

—Error. Un error es enviar un correo a la persona equivocada. No terminas con una mujer medio desnuda contra tu escritorio por accidente.

—Lo sé.

—Entonces vete.

—Te amo.

El dolor llega tan fuerte que casi me dobla.

—No vuelvas a decirme eso hoy.

—Pero es verdad.

—Entonces es peor.

Sus ojos se llenan de desesperación.

—Déjame hablar contigo.

No quiero.

Pero una pregunta lleva horas destruyéndome.

—¿Fue la primera vez?

Daniel se queda quieto.

Y ya sé la respuesta.

—Dios.

—Evie...

—¿Cuántas?

—Dos.

Me aparto.

—Dos.

—La primera fue hace tres semanas.

Tres semanas.

Hace tres semanas cenamos con mis padres.

Hace tres semanas Daniel durmió en mi cama.

Hace tres semanas me dijo que me amaba.

—Vete.

—Terminó después de esa noche.

—Aparentemente no.

—Hoy vino a hablar conmigo.

—Semidesnuda.

—Sé cómo se veía.

—No. Sabes lo que estaban haciendo.

Intenta acercarse.

Retrocedo.

Daniel se detiene.

—Puedo arreglarlo.

—No.

—Dos años, Evelyn.

—Precisamente.

—No puedes tirar todo por...

Cierra la boca.

—Termina.

—No quise decir eso.

—Vete.

Esta vez lo hace.

Subo sola.

Lloro durante horas.

Después bloqueo su número.

No borro las fotografías.

Todavía no puedo.

Mi madre llega cerca de las siete porque aparentemente mi padre le contó lo ocurrido.

Me abraza.

Prepara té.

Me deja llorar.

Y entonces comete el error de decir:

—Quizá sea mejor que el compromiso se haya retrasado.

Levanto la cabeza.

—¿Qué?

Mi madre se queda inmóvil.

—Mamá.

—Evelyn...

—¿Tú sabías?

Su silencio me duele casi tanto como Daniel.

—¿Desde cuándo?

—Hace algunos meses.

Me aparto.

—Todos sabían.

—No todos.

—Papá. Tú. Dante.

—Dante se enteró cuando comenzaron las negociaciones.

—Fantástico.

Me levanto.

—¿Hay alguien más que conozca mi futuro antes que yo?

—Tu padre esperaba encontrar otra solución.

—¿A qué?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.