La Esposa Que No Quería

20. Hipócrita

Dante

No voy a aparecer en el mismo lugar que Evelyn.

Eso sería ridículo.

También innecesario.

Sé que está con sus amigas.

Sé que David la acompaña.

Sé que está segura.

Tengo trabajo.

A las diez estoy en una cena con dos socios.

A las once termino.

A las once y veinte Luca comete un error.

—Podemos pasar por Mercer antes de volver.

Levanto la vista del teléfono.

—¿Por qué?

—Tengo que hablar con Sullivan.

—Hazlo mañana.

—Viaja temprano.

Mercer.

El club.

El mismo que Isabella mencionó cuando dijo que Brooke probablemente llevaría al grupo después de cenar.

No pienso en eso.

—Bien.

Luca me mira.

—¿Qué?

—Nada.

—No hagas esa cara.

—Esta es mi cara.

Lo odio.

Entramos cerca de medianoche.

El lugar está lleno.

Demasiado ruido.

Demasiada gente.

Luca se dirige a buscar a Sullivan.

Yo debería acompañarlo.

No lo hago.

Porque veo a Evelyn.

Está en la pista.

Vestido negro.

Botas altas.

Cabello suelto.

Bailando con su grupo.

Calloway está allí.

Por supuesto.

Está cerca.

No demasiado.

Lo suficiente.

Me quedo inmóvil.

Una parte perfectamente razonable de mi cabeza dice que no ocurre nada.

La otra quiere saber por qué demonios está sonriendo tanto cuando él habla.

—Oh, no.

Luca aparece a mi lado.

—¿Qué?

—Tu cara.

—Cállate.

—No sabía que Evelyn estaba aquí.

Mentiroso.

—Yo tampoco.

—Claro.

Evelyn todavía no me ha visto.

Calloway le dice algo al oído porque la música está alta.

Ella inclina la cabeza para escucharlo.

Me muevo.

Luca agarra mi brazo.

Lo miro.

Lo suelta.

—Solo quería comprobar si todavía tenías capacidad racional.

—No vuelvas a tocarme.

—Eso responde.

Camino.

Evelyn me ve cuando estoy a pocos metros.

La sorpresa aparece inmediatamente.

Después sospecha.

—Dante.

—Evelyn.

Calloway se gira.

—Moretti.

—Calloway.

Nos miramos.

No me cae bien.

No hizo nada.

No importa.

Evelyn cruza los brazos.

—¿Qué haces aquí?

—Una reunión.

—En un club.

—Luca.

Como si lo hubiera invocado, aparece detrás.

—Sullivan —dice.

Evelyn lo mira.

—¿De verdad?

Luca tiene suficiente inteligencia para responder:

—Sorprendentemente, sí.

—Ah.

Sigue desconfiando.

Calloway sonríe.

—Parece que tu marido tiene negocios en todas partes.

—Aparentemente.

—¿Te diviertes? —pregunto.

Evelyn me mira.

—Sí.

—Bien.

No me muevo.

Ella tampoco.

—¿Necesitas algo?

—No.

—Entonces...

—Estoy bien aquí.




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