La Esposa Que No Quería

21. ¿Cómo se conquista a tu esposa?

Hay preguntas que un hombre de treinta y cinco años debería poder responder sin ayuda.

Cómo administrar una empresa.

Cómo detectar una amenaza.

Cómo negociar con alguien que cree tener más poder del que realmente posee.

Cómo hacer desaparecer un problema antes de que se convierta en uno mayor.

Cómo conseguir que un hombre entienda que una segunda advertencia es un privilegio que probablemente no recibirá.

Todo eso lo sé.

Lo que aparentemente no sé es cómo conseguir que mi propia esposa quiera pasar tiempo conmigo.

El descubrimiento resulta humillante.

Más todavía porque llevo tres días intentando encontrar una solución sin admitir cuál es exactamente el problema.

Estoy en mi despacho cuando Luca entra con una carpeta y se sienta frente a mí.

—Los Bellini respondieron.

—¿Qué dijeron?

Me entrega los documentos.

Leo las primeras páginas mientras él resume los cambios.

No son suficientes.

Tampoco son insultantes.

Eso significa que podemos seguir hablando.

—Acepta la segunda condición —digo—. La cuarta no.

—Eso pensé.

—Entonces ¿por qué preguntas?

—Porque tú firmas.

Dejo la carpeta.

Luca no se mueve.

Normalmente se marcharía.

Hoy no.

—¿Qué?

—Nada.

Odio esa palabra.

—Entonces vete.

—Estás distraído.

—No.

—Llevas cinco minutos mirando la misma página.

Bajo la vista.

Tiene razón.

Mierda.

—Estoy pensando.

—Eso últimamente parece peligroso.

Lo miro.

Esa frase es de Evelyn.

Ahora todos hablan como ella.

—Luca.

—¿Sí?

No sé cómo preguntar esto sin que comprenda inmediatamente.

Probablemente sea imposible.

Lo intento de todas formas.

—Si un hombre quisiera mejorar una relación con una mujer...

Luca se queda completamente inmóvil.

—No.

—¿Qué?

—Quiero disfrutar esto.

—Olvídalo.

—No. Continúa.

Me recuesto.

—No importa.

—Dante Moretti acaba de pedirme consejos sobre mujeres. Esto importa muchísimo.

—No pedí consejos sobre mujeres.

—Claro. Preguntabas por un amigo.

—Cállate.

Empieza a sonreír.

Considero echarlo.

El problema es que necesito una respuesta.

—Supongamos —continúo— que existe un matrimonio.

—Completamente hipotético.

—Luca.

—Ya.

—Y que al principio ese matrimonio tenía determinadas reglas.

—Habitaciones separadas.

Lo fulmino.

—Hipotéticas.

—Por supuesto.

—Pero uno de los dos...

Me detengo.

No me gusta la dirección.

Luca espera.

—¿Uno de los dos qué?

—Decide que las reglas ya no son ideales.

—Ah.

—Deja de hacer eso.

—¿Quiere acostarse con la esposa?

—No.

La respuesta es inmediata.

Demasiado.

Luca arquea una ceja.

—¿No?

—No estoy hablando de eso.

Y es verdad.

Evelyn es hermosa.

No soy ciego.

He visto cómo la miran otros hombres.

He visto a Calloway mirarla.

Pero cuando pienso en ella últimamente no imagino una cama.

Pienso en la cocina.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.