La Esposa Que No Quería

24. El hombre debajo del traje

Dante se queda dormido en el salón un jueves por la noche.

No debería ser algo extraordinario.

Las personas duermen.

Incluso mi marido, pese a que a veces parece considerar el descanso una debilidad de carácter.

Pero nunca lo he visto dormido.

Hasta ahora.

Bajo cerca de medianoche porque olvidé mi computadora en la biblioteca y lo encuentro en un sillón.

Hay documentos sobre la mesa.

Una copa de agua intacta.

El teléfono todavía en su mano.

Está profundamente dormido.

Me detengo.

Dante siempre parece controlado.

Incluso en casa.

Sin saco, sin corbata, con las mangas remangadas, sigue teniendo algo contenido en la postura. Como si una parte de él nunca terminara de bajar la guardia.

Dormido es diferente.

Parece cansado.

No simplemente con sueño.

Cansado de una manera más profunda.

Hay una línea entre sus cejas incluso ahora.

Me acerco.

No debería.

Lo hago.

Tomo el teléfono de su mano antes de que caiga al suelo.

Dante se despierta inmediatamente.

Su mano atrapa mi muñeca.

Rápido.

Demasiado.

Mi cuerpo se tensa.

Sus ojos tardan menos de un segundo en reconocerme.

Me suelta.

—Mierda.

—Tranquilo.

Se incorpora.

—¿Te lastimé?

—No.

Mira mi muñeca.

—Evelyn.

—No me lastimaste.

—No deberías acercarte así cuando estoy dormido.

—Eso suena saludable.

Se pasa una mano por la cara.

—No lo es.

La respuesta me sorprende.

No intenta justificarlo.

—¿Cuánto dormiste anoche?

—Suficiente.

—Número.

—No eres mi médica.

—Número.

Me mira.

—Tres horas.

—Dante.

—Estoy bien.

—Estás durmiendo sentado.

—Eso demuestra eficiencia.

Me río.

Él también.

Una risa breve.

Real.

Y ahí aparece.

El hombre debajo del traje.

• • •

Empiezo a verlo más seguido después de eso.

No porque Dante cambie.

Porque presto atención.

Veo cómo trata a Luca cuando cree que nadie mira.

Una tarde están discutiendo en el despacho.

No escucho todo.

Solo el final.

—Te dije que no —dice Luca.

—Y yo te estoy diciendo que vas a tomarte el fin de semana.

—Hay trabajo.

—Tu madre sale del hospital el sábado.

Me detengo al otro lado del corredor.

No sabía que la madre de Luca estaba enferma.

—Puede quedarse mi hermana con ella.

—No.

—Dante.

—Luca, llevas doce años apareciendo cada vez que te necesito. Este fin de semana no existes para mí. Vete con tu madre.

Silencio.

—Gracias.

—No me agradezcas. Me irrita.

—Claro.

Me alejo antes de que salgan.

Esa noche no digo nada.

Pero recuerdo.

• • •

También veo a Dante con Isabella.

Ella recibe una llamada durante la cena.

No sé qué ocurre.

Solo que su expresión cambia y abandona el comedor.

Dante espera treinta segundos.

Después va detrás.

Yo permanezco con Luca.

—¿Qué pasó?




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