La Esposa Que No Quería

30. Solo nosotros

Evelyn

Tengo los labios hinchados.

Es una observación completamente inútil.

También es la única cosa que mi cerebro consigue procesar durante unos segundos.

Dante acaba de besarme.

Yo lo besé.

Mucho.

Y ahora estamos sentados en el borde de mi cama como dos personas que necesitan negociar las consecuencias de haber olvidado por completo el acuerdo sobre el que construyeron su matrimonio.

Perfecto.

Dante está frente a mí.

No demasiado cerca.

Eso parece deliberado.

Tiene el cabello desordenado porque yo...

No.

No voy a pensar en eso.

—Habla —dice.

Lo miro.

—Tú me besaste.

—Lo sé.

—Entonces empieza tú.

Dante pasa una mano por su rostro.

—No planeé hacerlo.

—Eso resulta bastante evidente.

—¿Te arrepientes?

La pregunta sale inmediatamente.

Lo miro.

—No.

Su cuerpo se relaja apenas.

—¿Tú?

—No.

Bien.

Eso no resuelve nada.

—Pero no voy a hacerlo otra vez si seguimos con las reglas originales.

Dante sostiene mi mirada.

—¿Por qué?

La pregunta me irrita.

—¿En serio?

—Quiero escucharlo.

—No voy a compartirte.

Silencio.

Ahí está.

Lo dije.

La frase queda entre nosotros.

Dante no se mueve.

—No voy a besarte esta noche y después preguntarme mañana si estás con Bianca o con cualquier otra mujer.

—No estoy con Bianca.

—Lo sé.

—No. No sabes.

Frunzo el ceño.

Dante se inclina hacia delante.

—No estuve con ella desde la noche que la traje aquí.

Parpadeo.

—¿Qué?

—No volví a verla.

—¿Por qué?

Silencio.

—Dante.

—Porque después de esa noche no quise.

Mi corazón cambia de ritmo.

—¿Porque te sentiste culpable?

—No.

La sinceridad es inmediata.

—Debería decir que sí porque sonaría mejor. Pero no.

—Entonces ¿por qué?

Me observa.

—Porque te vi subir las escaleras como si no te importara.

Recuerdo esa noche.

Estaba agotada.

Rota todavía por otras cosas.

Dante y Bianca simplemente no significaban suficiente para herirme.

—Eso te molestó.

—Muchísimo.

Casi sonrío.

—Ridículo.

—Sí.

—Tú estableciste las reglas.

—Lo sé.

—Querías que no me importara.

—Pensé que sí.

—¿Y después?

Dante baja la mirada un instante.

—Después descubrí que no quería estar con ella.

—¿Por mí?

Sus ojos regresan a los míos.

—Sí.

La palabra es sencilla.

Sin dramatismo.

Eso la hace más poderosa.

—No entiendo.

—Yo tampoco lo entendí entonces.

Se levanta.

Camina un par de pasos.

Después vuelve.

—Primero pensé que era porque traerla aquí había sido un error. Después empecé a buscarte por la casa.

Mi respiración se vuelve más lenta.

—Después Calloway te invitó a salir y descubrí que aparentemente soy un hipócrita.

—Definitivamente.

—Gracias.

—De nada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.