
Pensé que acostarme con Evelyn solucionaría el problema.
No sé por qué.
Probablemente porque soy un idiota.
Durante los últimos días mi cuerpo había estado en un estado constante de frustración. Dormir con ella. Besarla. Tenerla sobre mis piernas. Sentir sus manos en mi cabello y después recordar que habíamos decidido esperar hasta que el momento fuera correcto.
Anoche fue correcto.
Por lógica, hoy debería estar más tranquilo.
No lo estoy.
Estoy peor.
Muchísimo peor.
Abro los ojos y Evelyn duerme sobre mi pecho.
La miro.
Después miro el reloj.
Siete y diez.
Tengo una reunión a las ocho y media.
Perfecto.
Tiempo suficiente.
Intento moverme.
Evelyn hace un sonido de protesta.
Me detengo.
Podría levantarme.
Debería.
En cambio, paso una mano por su espalda.
Su piel está caliente.
Ella se acerca.
Mierda.
Cinco minutos.
Solo cinco.
• • •
Cuarenta minutos después sigo en la cama.
Evelyn abre los ojos.
—¿Qué hora es?
—Temprano.
Mira el reloj.
—¡Dante!
—¿Qué?
—Son casi las ocho.
—Sí.
—¿No trabajas?
—Eventualmente.
Se incorpora.
La sábana se mueve y aparto los ojos.
Por respeto.
Durante aproximadamente medio segundo.
Evelyn lo nota.
—No.
—¿Qué?
—Esa cara.
—No estoy haciendo nada.
—Son las ocho de la mañana.
—Soy consciente.
—Tienes una reunión.
—También soy consciente.
Intenta levantarse.
La tomo de la cintura.
—Dante.
—Cinco minutos.
Me mira.
Después empieza a reír.
—No aprendiste nada.
—Aprendí muchas cosas anoche.
Se queda inmóvil.
Sus mejillas cambian de color.
Sonrío.
—No.
—¿Qué?
—No vas a utilizar eso para avergonzarme.
—No estaba...
Me empuja una almohada en la cara.
—Idiota.
La atrapo antes de que escape.
—Ven aquí.
—No.
—Evie.
—Trabajo.
—Cinco.
—Cuarenta minutos tarde y todavía quieres cinco.
—Exactamente.
La beso.
Y llego tarde.
Otra vez.
• • •
El problema no mejora durante el día.
A las once le escribo.
YO: ¿Almorzaste?
EVIE: Todavía no.
YO: Come.
EVIE: Buenos días para ti también.
YO: Buenos días. Come.
Pasan treinta segundos.
EVIE: Sí, papá.
Miro el mensaje.
No.
YO: No vuelvas a decirme eso.
La respuesta tarda.
EVIE: JAJAJAJA.
Cierro los ojos.
Luca está sentado frente a mí.
—¿Qué?
—Nada.
—Estás mirando el teléfono como si te hubiera insultado.
—Lo hizo.
—¿Evelyn?
—Sí.
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Editado: 19.09.2026