
Dante no duerme conmigo durante tres noches.
No porque yo siga queriendo castigarlo.
Precisamente porque no quiero convertir la distancia en castigo.
Necesito tiempo.
Y, por primera vez desde que empezó a invadir mi dormitorio, él acepta que necesitarlo no significa que lo esté rechazando.
La primera noche escucho sus pasos detenerse frente a la puerta.
No entra.
La segunda ni siquiera llega hasta allí.
La tercera recibo un mensaje a las once.
DANTE: Buenas noches.
Lo miro durante demasiado tiempo.
YO: Buenas noches.
Después:
DANTE: Te extraño.
Cierro los ojos.
Idiota.
YO: Son tres habitaciones.
DANTE: Demasiado lejos.
Sonrío.
No respondo.
• • •
No me cuenta inmediatamente qué hizo con Bianca.
Me entero por Isabella.
Estamos desayunando cuando deja el teléfono.
—Mi hermano está aprendiendo.
Levanto la mirada.
—¿Qué hizo?
—Nada espectacular.
Eso llama mi atención.
Dante solía ser excelente con lo espectacular.
Cincuenta rosas.
Conductores.
Reservas.
Soluciones enormes para problemas que a veces solo requerían escuchar.
—¿Entonces?
—Habló con Bianca.
Mi estómago se tensa.
—¿Cómo sabes?
—Me preguntó antes si debía hacerlo por teléfono o personalmente.
Eso suena demasiado a Dante pidiendo ayuda sin admitir que está pidiendo ayuda.
—¿Qué le dijiste?
—Que si la veía personalmente podía parecer una invitación a otra conversación privada.
Asiento.
—Entonces la llamó.
—¿Y?
Isabella se encoge de hombros.
—No sé exactamente qué dijo. Solo sé que Luca estaba con él y que después mi hermano parecía querer atravesar una pared.
Sonrío sin querer.
—¿Por qué Luca estaba con él?
—Porque Dante quería asegurarse de que hubiera alguien que pudiera confirmar la conversación si alguna vez era necesario.
Eso sí me sorprende.
No por desconfianza.
Por transparencia.
No intentó esconderlo.
No buscó a Bianca a solas.
No creó otra situación ambigua para cerrar la anterior.
—No necesitaba hacer eso.
—Probablemente lo sabe.
Isabella toma café.
—Pero creo que finalmente entendió que no se trata solo de no engañarte.
Exactamente.
• • •
Dante llega esa noche a las nueve.
Estoy en la biblioteca trabajando.
Se detiene en la puerta.
—Hola.
—Hola.
No entra inmediatamente.
Eso también es nuevo.
—¿Ocupada?
—Un poco.
—Puedo volver.
Lo miro.
—Puedes entrar.
Lo hace.
Se sienta frente a mí.
No a mi lado.
No me toma de la cintura.
No me pone sobre sus piernas.
Lo extraño inmediatamente.
Qué irritante.
—Hablé con Bianca.
—Isabella me dijo.
Cierra los ojos.
—Voy a vender a mi hermana.
—No puedes.
—Puedo intentarlo.
Sonrío.
—¿Qué le dijiste?
Dante vuelve a ponerse serio.
—Que nuestra relación terminó aquella noche.
—Eso ya lo sabía.
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Editado: 19.09.2026