La chispa del encuentro
El amor perfecto no existe. O al menos no como nos lo han vendido. Películas, libros y canciones nos han hecho creer que el amor es una felicidad constante, un cuento de hadas donde todo encaja sin esfuerzo. Pero, ¿qué pasa cuando la realidad choca con esos ideales? ¿Es posible encontrar un amor auténtico en un mundo lleno de expectativas imposibles?
Luna, una joven de 22 años, alegre, estudiosa y devoradora de novelas románticas, solía soñar con ese momento mágico en el que se cruzaría con el amor de su vida. Aquel chico perfecto, como los que protagonizan sus libros favoritos, con quien recorrería el mundo y viviría una historia de ensueño. Pero la realidad, como suele pasar, tenía otros planes.
Una tarde de finales de junio, en su última clase de la universidad, Luna decidió escapar del aburrimiento sumergiéndose en un nuevo libro recomendado por su mejor amiga. Desde las primeras páginas, quedó prendada del protagonista masculino: apuesto, servicial y locamente enamorado de la heroína. Inspirada, Luna sacó un folio en blanco y comenzó a crear una rúbrica detallada de lo que sería su chico ideal. Altura, color de ojos, personalidad, habilidades… todo fue meticulosamente puntuado. ¿Un chico de 1,90? Cinco puntos. ¿Ojos verdes? Otros cinco. ¿Que sepa cocinar y esté dispuesto a ponerla por encima de todo? Puntos extras.
Esa misma noche, Luna compartió su lista con sus mejores amigos, Álex y Carlota, esperando su ayuda para encontrar al candidato perfecto. Pero la reacción de sus amigos no fue la que esperaba. Entre risas, Carlota le explicó que ese chico solo existía en los libros. "La perfección es una ilusión, Luna. Incluso en la Edad Media, en El libro del buen amor, se hablaba de estándares imposibles. ¿Crees que encontrar a alguien que cumpla todos tus requisitos te garantizará un amor auténtico?"
La pregunta resonó en la mente de Luna mientras regresaba a casa. ¿Era posible que un hombre perfecto en el papel fuera también perfecto en la vida real? ¿O acaso el amor verdadero se escondía en las imperfecciones, en esos pequeños detalles que no caben en una lista?
Mientras Luna reflexionaba, Carlota no podía dormir. La conversación había despertado algo en ella. ¿Existiría alguien que realmente la hiciera sentir esa chispa que tanto anhelaba? En los últimos años, había tenido algunos encuentros, pero ninguno le había dejado esa sensación de que había encontrado a "alguien especial". Incluso había estado enamorada de Álex en el pasado, pero eso era historia antigua. Sin poder conciliar el sueño, Carlota decidió salir a dar una vuelta por la ciudad, sin rumbo fijo, hasta que encontró un café abierto las 24 horas.
El lugar tenía un aire rústico, con colores cálidos y detalles dorados que le daban un toque acogedor. Carlota pidió un café con leche y algo de comer, y se sentó a observar el ambiente casi vacío. Fue entonces cuando entró él. Un chico no muy alto, de mirada intensa y aura misteriosa. No intercambiaron palabras, apenas unas miradas fugaces, pero algo en él la dejó intrigada. ¿Quién era? ¿Por qué esa sensación de tranquilidad y curiosidad al mismo tiempo?
Carlota no lo sabía, pero esa noche, algo había cambiado. Mientras conducía de regreso a casa, no podía dejar de pensar en aquel desconocido. ¿Era solo una chispa pasajera, o había algo más detrás de esa mirada? La pregunta la acompañó hasta que finalmente se durmió, con la sensación de que, tal vez, el amor auténtico no se encuentra en las listas ni en los ideales, sino en esos momentos inesperados que nos hacen cuestionarlo todo.