Amelia despertó con una sensación de plenitud que nunca había experimentado. La marca en su hombro latía con un calor suave, conectándola a la respiración de Alexander, que dormía a su lado, y a un murmullo lejano de emociones que ahora sabía que pertenecían a la manada. Su inteligencia estratégica se sentía "potenciada"; podía procesar información ambiental con una nitidez asombrosa.
Sin embargo, su corazón de pollo la llevó a otro lugar. Se vistió en silencio y caminó hacia la habitación de Leo.
Leo estaba sentado en su cama, rodeado de sus libros de arquitectura, mirando por la ventana hacia el jardín donde las flores de primavera empezaban a abrirse. Al ver a Amelia, sus ojos se iluminaron con una intensidad nueva. Ya no era solo afecto; el vínculo de la manada ahora los unía con un hilo de plata.
—Mami Amelia —susurró el niño, extendiendo sus brazos.
Amelia lo abrazó con una ternura que le humedeció los ojos. Sintió el pequeño corazón de Leo latiendo contra el suyo. Pero, con la sabiduría de sus años, supo que este era el momento de poner los cimientos de una relación sana y honesta.
Se sentó con él en el borde de la cama y tomó sus pequeñas manos.
—Leo, mi pequeño arquitecto —dijo Amelia con voz suave—. ¿Sabes que ahora mi corazón y el tuyo están conectados para siempre, ¿verdad?
El niño asintió, apoyando la cabeza en su hombro.
—Pero hay algo muy importante que quiero decirte —continuó ella, mirando una fotografía enmarcada en la mesa de noche donde aparecía una mujer hermosa, de ojos dulces, abrazando a un Alexander más joven—. Tu mamá, la que te dio la vida, era una persona noble y buena. La manada siempre la recordará con orgullo porque ella fue una gran Luna.
Leo bajó la mirada, un poco confuso. Amelia le levantó la barbilla con dulzura.
—Ella siempre estará en tu mente y en tu corazón, Leo. Yo no vengo a borrar su lugar, porque el amor no es como una habitación que se llena; es como el cielo, siempre tiene espacio para más estrellas. Ella es tu mamá del cielo, y yo soy tu mami de la tierra. ¿Te parece bien que seamos un equipo de tres?
Leo procesó las palabras con su inteligencia heredada. Una lágrima solitaria rodó por su mejilla, pero no era de tristeza, sino de alivio. El peso de "olvidar" para poder amar a Amelia se desvaneció.
—Dos mamis —dijo Leo, con una sonrisa pequeña pero firme—. Una en el corazón y otra aquí, conmigo.
Alexander estaba de pie en el umbral, escuchando en silencio. Su lobo estaba sentado, con la cabeza gacha en señal de un respeto profundo que rayaba en la adoración. El "vacío" de Alexander se llenó de algo más que pasión; se llenó de gratitud.
—Humano... —susurró el lobo con una voz quebrada—. Nadie más habría hecho eso. Ella acaba de sanar el linaje de nuestra manada. No solo nos dio una Luna, nos devolvió nuestra historia.
Alexander entró en la habitación y rodeó a ambos con sus brazos poderosos. El erotismo de la noche anterior se transformó en una devoción sagrada.
—Gracias, Amelia —susurró Alexander contra su cabello—. Por ser lo suficientemente grande para abrazar nuestro pasado mientras construyes nuestro futuro.
Más tarde, Amelia se reunió con Caleb y los ancianos de la manada en el gran salón. Notó que algunos de los lobos más viejos la miraban con cierta reserva, temiendo que la "nueva Luna" quisiera borrar el legado de la anterior.
Amelia, usando su mente estratégica, tomó la palabra:
—Señores, hoy he ordenado que se restaure el jardín memorial de la antigua Luna. No quiero que se pierda ni una sola de sus tradiciones de bondad. Una manada que olvida a sus nobles antepasados es una manada con cimientos débiles. Mi inteligencia está al servicio de este legado, no para reemplazarlo, sino para protegerlo.
El murmullo de aprobación fue unánime. Los ancianos inclinaron la cabeza. Amelia Black no solo había conquistado al Alfa; había conquistado el respeto de la historia misma.
Sin embargo, la paz duró poco. Caleb se acercó a Amelia con una tablet. —Amelia, tenías razón. Volkov no se ha rendido. Pero ha cambiado de táctica. No está atacando la logística... está atacando tu pasado legal directamente en la Corte Suprema. Alguien ha "encontrado" nuevas pruebas falsas contra ti.
Amelia miró la pantalla. Sus ojos se volvieron fríos y calculadores. Su corazón de pollo seguía ahí, pero su alma de Luna estaba lista para la guerra.
—Él cree que mi pasado es un ancla —dijo Amelia, mirando a Alexander—. No sabe que, con el respaldo de esta manada, mi pasado es ahora mi munición. Caleb, prepara el avión privado. Vamos a visitar a mi antiguo "mentor". Es hora de que la estratega regrese a casa para cobrar una deuda.