La atmósfera en la escuela primaria "Roble Plateado" se había vuelto gélida. Tras el discurso de Marcus Sterling, algunos padres cuchicheaban al ver pasar a Alexander, y un par de niños evitaron a Leo en el pasillo. Amelia sufrió al ver a su pequeño notar el vacío, pero su mente extraordinaria entró en modo de combate preventivo antes de que la primera lágrima pudiera asomar.
—Alexander, nada de gruñidos en la reunión de padres de esta tarde —advirtió Amelia mientras revisaba un flujo de datos en su tablet—. Marcus quiere que parezcas una bestia. Si te descontrolas, él gana la narrativa y nosotros perdemos la comunidad.
—Ese humano huele a azufre y envidia —gruñó el lobo de Alexander, vibrando bajo su piel—. Dice que nuestro hijo es un peligro. Mi instinto no pide diálogo, pide justicia.
—La justicia será digital, mi amor. Caleb, ¿tienes los informes de la cadena de suministro de Human-First Tech?
—Lo tengo, Amelia —respondió el Beta por el intercomunicador—. Resulta que el "software de pureza" de Sterling usa componentes de contrabando. Es un fraude técnico envuelto en una bandera de odio.
Mientras tanto, en el patio, Leo se enfrentaba a su primera crisis de liderazgo. Un niño más grande, influenciado por lo que oyó en casa, le arrebató su carpeta de estrategias.
—Mi papá dice que tu familia es rara, Leo Thorne-Black. Dice que no deberíamos jugar contigo porque sois... peligrosos.
Leo recordó las lecciones de Amelia sobre la "Desescalada Estratégica". No usó su fuerza de cachorro de lobo, aunque sus garras picaban por salir. Se ajustó su pequeña corbata y miró al niño a los ojos con una calma inquietante.
—La rareza es una variable subjetiva, Toby —dijo Leo—. Pero la eficiencia es objetiva. Si dejas de jugar conmigo, perderás el acceso al sistema de intercambio de postres que organicé ayer. Según mis cálculos, tu suministro de azúcar caerá un 60% para el viernes. ¿Es un riesgo que tu estómago está dispuesto a asumir por un prejuicio sin base científica?
Los otros niños miraron a Toby y luego a Leo. La lógica de las galletas era aplastante. Toby, confundido por las palabras largas pero aterrado por la falta de azúcar, le devolvió la carpeta.
—¡Eso es! —se regocijó el lobo de Alexander desde la distancia, sintiendo el orgullo a través del vínculo—. El cachorro los tiene dominados con la mente. Es un mini-Amelia.
El Golpe de Estado Corporativo
Esa tarde, Marcus Sterling presidía la reunión informativa para instalar escáneres genéticos. El miedo en la sala era palpable, una mezcla de ansiedad por la seguridad y desconfianza hacia lo desconocido.
—Es por la seguridad de sus hijos —decía Marcus, proyectando imágenes manipuladas—. Necesitamos saber exactamente qué tipo de... ADN entra en este edificio.
Amelia se levantó. No llevaba el traje de guerrera, sino un conjunto de punto suave que gritaba "madre preocupada", pero sus ojos eran puro acero de auditora.
—Señor Sterling, como madre y como estratega de riesgos, comparto su preocupación —comenzó Amelia—. Sin embargo, he realizado una auditoría rápida de su software. Sus datos genéticos no se quedan en la escuela; se envían a un servidor privado en un paraíso fiscal vinculado a su empresa de seguros. Usted no quiere proteger a los niños, quiere monetizar su ADN para subir las primas de estos padres.
El murmullo en la sala cambió de tono. El miedo al lobo fue reemplazado por la furia hacia el bolsillo. Alexander se puso de pie, su presencia llenando la sala sin emitir agresión.
—Mi familia vive aquí. Mi hijo estudia aquí —dijo Alexander con voz profunda—. Mi compromiso es con la comunidad, no con el beneficio trimestral de un fanático.
La votación fue unánime: los escáneres fueron rechazados. Marcus, al pasar junto a Amelia, no gritó. Se inclinó y le susurró con un aliento gélido: —Felicidades, Amelia. Has salvado sus datos, pero has firmado su sentencia. Los Puritas no necesitan escáneres para saber a quién cazar.
De vuelta en la mansión, la cena transcurría con una aparente normalidad. Leo contaba cómo había nombrado a Toby su "jefe de Logística" para tenerlo vigilado.
—A los enemigos es mejor tenerlos en la nómina que fuera de ella —explicó el niño con orgullo.
Alexander miró a Amelia con adoración, pero su mirada se tornó sombría cuando las luces de la mansión parpadearon levemente. Amelia revisó su tablet y su sonrisa desapareció.
—Mañana, Alexander, vamos a ejecutar una OPA sobre su reputación —dijo ella, pero su voz se quebró—. Espera... Alexander, acabo de detectar que alguien ha comprado todos los terrenos colindantes a la mansión hoy mismo. Están bloqueando nuestras salidas físicas.
Alexander se puso en pie de un salto. Sus fosas nasales se dilataron. El aire acondicionado de la mansión trajo un aroma que no pertenecía al hogar.
—Amelia, apaga la tablet —susurró Alexander, sus ojos tornándose de un ámbar incandescente—. Ya no importa el informe trimestral.
—¿Qué pasa? —preguntó ella, sintiendo un escalofrío que no era digital.
—Huelo a gasoil, metal frío y adrenalina —respondió el Alfa, mientras su cuerpo empezaba a tensarse para la transformación—. Los "Puritas" no van a esperar a mañana. Ya están en el bosque.