La reconstrucción de la manada y del Valle avanzaba bajo una vigilancia paranoica. Mientras los obreros levantaban muros, en el laboratorio subterráneo, el aire estaba cargado de electricidad estática y el zumbido de procesadores trabajando al límite.
Tras analizar la firma de 1976 y los archivos de Marcus, la raza del enemigo comienza a tomar forma. No son lobos, ni vampiros puros. Son los Nephilim Caídos (o los Observadores): una raza ancestral que quedó atrapada en una dimensión "entre mundos" y que ha usado a los humanos y cambiaformas como ganado experimental para recuperar su forma física. Son entidades que no envejecen porque existen fuera del tiempo, lo que explica la firma digital de hace 50 años que encontró Leo.
Leo golpeó la mesa con frustración antes de que una línea de código rojo sangre iluminara su rostro.
—¡Lo tengo! Pero no les va a gustar —exclamó Leo, girando su tablet—. Marcus no quería "crear" un híbrido. Él estaba intentando descifrar un mapa. Encontré un archivo oculto llamado Proyecto Cuna de Cristal. En 1976, el Cónclave entregó una secuencia genética a una empresa fantasma del Holding. Papá, ellos no estaban experimentando; estaban esperando a que la naturaleza hiciera su parte.
Leo tragó saliva, mostrando una foto antigua en blanco y negro de un laboratorio soviético abandonado. —Marcus descubrió que la bebé no es una mutación. Es un retorno. El Cónclave cree que ella es el recipiente para que uno de sus "Arquitectos" regrese a nuestro mundo. Ella no es la reina... es el envase.
Mientras Leo desglosaba los datos, Amelia se llevó una mano al pecho. El monitor de ritmo cardíaco del laboratorio empezó a emitir un pitido errático.
—Leo, detente... —susurró Amelia. Sus ojos se volvieron de un gris tormentoso.
Al tocar la pantalla donde brillaba la firma de 1976, Amelia no vio datos. Sintió frío. Un frío absoluto, como el espacio entre las estrellas. Sintió una voz que no usaba palabras, sino vibraciones, susurrando en la base de su cráneo: "La llave está girando".
—No es una persona la que nos busca, Alexander —dijo Amelia, temblando—. Es un hambre. Cuando Leo abrió ese archivo, algo desde el otro lado nos miró de vuelta. La bebé lo sintió... se puso rígida. No es miedo lo que ella tiene, es... reconocimiento. Como si recordara una canción que nunca le canté.
Alexander caminaba de un lado a otro, destrozando accidentalmente el brazo de una silla de oficina con su fuerza de Alfa.
—¡Genial! —gruñó Alexander—. Primero un mate vampiro que no se va del todo, y ahora entidades interdimensionales de los años setenta que quieren usar a mi hija de apartamento. ¿Nadie en este mundo puede simplemente querer un poni de regalo?
Leo, a pesar del miedo, no pudo evitar sonreír. —Bueno, técnicamente, un Arquitecto de la Estasis es mucho más fácil de alimentar que un poni, papá. No necesitan heno, solo... ya sabes, la esencia de toda la existencia.
Alexander lo miró con furia contenida. —Vuelve a tu computadora, sabelotodo.
En ese momento, una comunicación encriptada entró desde las tierras de Silas. —Alexander, he encontrado el rastro del dinero. El Cónclave no solo financiaba a Marcus. Están comprando propiedades alrededor del Valle Thorne a través de empresas de fachada. Nos están rodeando físicamente mientras Leo pelea en la red.
.....
El laboratorio subterráneo parecía una nave espacial varada en las profundidades del Valle Thorne. Leo no había dormido en treinta y seis horas; sus ojos estaban inyectados en sangre y se alimentaba exclusivamente de barritas energéticas y una mezcla cuestionable de cafeína que Alexander juraba que derretiría sus arterias.
Mientras Leo tecleaba, Amelia caminaba por el laboratorio. No necesitaba mirar las pantallas; ella era la pantalla. Desde que Leo empezó a desglosar la firma de 1976 de los Observadores, Amelia sentía una vibración constante en su nuca.
—Leo, para un segundo —dijo Amelia, cerrando los ojos. Su respiración se volvía visible en el aire, como si la temperatura de la habitación hubiera bajado diez grados de golpe—. Esa "sensación" de la que hablamos... ya no es un eco. Es un hilo. Cuando tocas esos archivos, siento que algo tira de mis nervios. No es solo que nos miren; es que nos están escuchando a través de la red neuronal que Marcus dejó abierta en mí.
Leo se detuvo, con los dedos suspendidos sobre el teclado. Suspiró y giró tres monitores hacia su madre y su padre, quien acababa de entrar con un café en la mano.
—No solo nos escuchan a través de ti, mamá —dijo Leo con una voz inusualmente seria—. He estado rastreando los paquetes de datos que salen de la mansión Thorne desde que se firmó el Tratado de los 12 Alfas. El mensaje de "El Híbrido es una llave" no fue una intrusión externa al azar. Fue invitado a entrar.
Alexander dejó el café en la mesa, sus ojos brillando con una luz dorada peligrosa. —¿Qué estás diciendo, Leo?
—Alguien en la reunión del Consejo activó una baliza de proximidad en su teléfono satelital —explicó Leo, mostrando un mapa de calor de la sala de reuniones—. Mientras tú discutías la paz, uno de los 12 Alfas estaba transmitiendo nuestras coordenadas exactas y el estado de salud de mamá directamente a un servidor oculto en el Ártico. Alguien que se sienta a tu derecha o a tu izquierda, papá, está en la nómina de los Observadores.