La Estratega del Alfa

Capítulo 28

La mansión Thorne ya no era un hogar; era un mecanismo de defensa vibrando ante una amenaza subterránea. Mientras el aire se volvía denso y frío, los defensores del Valle se dividieron para enfrentar lo invisible.

Con linternas tácticas y armas de plata, Alexander y su Beta, Caleb, descendieron por una grieta olvidada en el sótano que conducía a las cuevas naturales del Valle.

A medida que bajaban, las paredes de piedra dejaban de ser naturales. Encontraron estructuras de un metal negro que no reflejaba la luz, grabadas con la misma firma de 1976 que Leo detectó.

Al final del túnel, llegaron a una cámara inmensa. En el centro, una estructura circular pulsaba con una luz grisácea. No era una puerta física, sino un desgarro en la realidad.

Caleb ajustando su arma —"Alfa, esto no parece tecnología de Marcus. Esto parece... un altar hecho por ingenieros locos".

Alexander impresionado dijo —"Es una cerradura, Caleb. Y mi hija es la llave que están tratando de forzar desde el otro lado".

En el laboratorio, Leo sudaba frente a sus monitores. Sus dedos volaban sobre el teclado, activando protocolos que él mismo había bautizado en secreto como "Operación Cortocircuito".

Leo no usó una bomba; usó los generadores del laboratorio para crear un bucle de energía. El Pulso Electromagnético (PEM)

—"¡Muy bien, fantasmas de los setenta! Si quieren entrar, van a tener que hacerlo sin Wi-Fi" —gritó Leo, golpeando la tecla 'Enter'. —"Papá, Caleb, ¡sujétense de algo! Voy a freír los circuitos de esa puerta antes de que el 'Arquitecto' pueda pedir el servicio a la habitación".

Un zumbido ensordecedor recorrió la mansión. Las luces parpadearon y una onda de choque invisible hizo que la luz gris de la cámara subterránea se congelara, ralentizando la apertura.

Valerius nunca se había alejado realmente. Estaba en el límite del bosque, oculto por las sombras, cuando el vínculo con la bebé lo golpeó como una descarga eléctrica. Sintió el miedo puro de la pequeña, una vibración de pánico que recorrió su sangre fría.

Por primera vez en siglos, el vampiro no actuó por cálculo, sino por una punzada de humanidad que creía muerta. Apareció en la ventana de la cocina, asustando casi a Amelia, quien seguía con su plato de atún y chocolate.

Amelia respirando del susto —"¡Valerius! Casi me haces atragantarme con un pepinillo".

Valerius con los ojos encendidos en un rojo profundo —"Siente el abismo bajo sus pies, Amelia. No la dejes sola en su mente. Yo me quedaré en el umbral; mi presencia distraerá a los Observadores. Mi oscuridad es más antigua que su tecnología".

Valerius puso una mano pálida sobre el cristal de la ventana, justo a la altura del vientre de Amelia. La bebé, al sentir la vibración del vampiro, se calmó instantáneamente. El miedo se transformó en una curiosidad serena.

Valerius se desliza como una sombra tras Alexander y Caleb. Al llegar a la cámara, sus ojos rojos brillan con un terror antiguo. —"Alexander, detente" —susurra Valerius desde la oscuridad—. "Esa puerta no se abre con fuerza. Se abre con resonancia. Mis abuelos hablaban de ellos en las estepas de Europa... decían que donde ellos caminan, el tiempo se detiene y la sangre se vuelve cristal. No son dioses, son parásitos de la realidad".

En la Cocina Amelia se dirige al laboratorio, con una energía renovada tras su festín de atún y chocolate, pone sus manos sobre los servidores de Leo. Una luz dorada fluye de sus dedos, estabilizando el Pulso Electromagnético de su hijo. —"Leo, mira estas coordenadas" —dice Amelia con una claridad mental asombrosa—. "El Cónclave no está en el Ártico. Esa es una señal de rebote. Están usando una estación de investigación antigua... necesitamos a alguien que conozca los planos originales de 1976".

Leo, viendo cómo su madre brilla como una lámpara LED gigante, no puede evitarlo y suelta la carcajada: —"Mamá, si esto de salvar el mundo no funciona, podrías ahorrarte una fortuna en electricidad. Pero en serio... si el atún te hace esto, no quiero saber qué pasaría si se te antoja comer caviar con mermelada".

Amelia mira a Alexander por los monitores y prende el intercomunicador tomando una decisión. —"Alexander, necesitamos a un científico experto en la materia.

Amelia se aleja de los monitores de Leo, sube a su habitación y busca un dispositivo móvil especial que tenía guardado y se queda mirando hacia las montañas nevadas a través del ventanal. Su voz cambia, volviéndose monótona, como si estuviera recitando un código antiguo. —"El eclipse de 1976 ha vuelto a proyectar su sombra. La raíz necesita al observador. Hermano, el reloj de arena se ha roto".

En un laboratorio oculto bajo el granito de las montañas, una pantalla que ha estado apagada por años se enciende. Un hombre con los mismos ojos grises que Amelia se ajusta las gafas y suspira.

Elías Black susurrando —"Te dije que no me llamaras a menos que el mundo se estuviera acabando, Amelia. Veo que no exagerabas".

Ya todos de regreso al laboratorio, Alexander se queda de piedra, mirando a su esposa como si fuera una desconocida. —"¿Mellizo? ¿Me estás diciendo que tengo un cuñado genio viviendo en una cueva y me entero porque el mundo está a punto de ser cosechado por parásitos espaciales?"

Leo anotando frenéticamente —"¡¿Tengo un tío científico?! ¡Mamá, eso explica por qué tu coeficiente intelectual es tan alto como el mío y el de papá es... bueno, el de un lobo!"




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