La Estratega del Alfa

Capítulo 29

La marea humana avanzaba en un silencio sepulcral. Cientos de personas, adultos, jóvenes y niños que Amelia saludaba cada mañana en el pueblo ahora caminaban como autómatas, con los ojos vacíos, directos hacia las garras de la manada.

Alexander se situó en la vanguardia, flanqueado por Caleb, Runa con sus guerreros y Silas. Ninguno se transformó por completo; no querían intimidar, sino proteger.

Alexander en posición —"¡Escuchen bien! Nadie saca las garras. Si un solo civil resulta herido, el Cónclave gana. Usen su fuerza para inmovilizar, no para atacar".

Silas y Runa crearon una barrera física, utilizando su velocidad para interceptar a los que intentaban saltar los muros, derribándolos con suavidad sobre el césped. Eran una muralla de músculos y honor protegiendo a quienes no sabían que estaban siendo usados.

Desde la torre más alta, Valerius abrió sus brazos. Sus ojos se tornaron de un rojo tan intenso que parecían sangrar. Sabía que intentar hipnotizar a una multitud controlada por tecnología de estasis podría fragmentar su propia mente.

—"Duerman... despierten... vuelvan a ser dueños de sus sombras" —susurró Valerius, proyectando su voluntad sobre la marea humana. El esfuerzo fue brutal. El vampiro comenzó a temblar, sus venas marcándose en su rostro pálido como grietas en mármol. La presión mental del Cónclave era como un martillo golpeando su cordura, pero él no retrocedió.

Dentro del laboratorio, Elías Black trabajaba a una velocidad que incluso Leo encontraba difícil de seguir.

—"Amelia, ¡ahora! —gritó Elías—. He sintonizado el Prisma con la frecuencia de la 'Onda Delta' humana. Necesito que tú seas la antena".

Amelia cerró los ojos y puso su mano sobre el cristal que colgaba de su cuello. Al tocarlo, no solo sintió la ciencia de su hermano, sino el latido cálido y poderoso de su hija. —"Basta de frío" —murmuró Amelia—. "Vuelvan a casa".

Una onda expansiva de color dorado pálido salió de la mansión. No fue un golpe, fue como una caricia de verano. Al pasar sobre la multitud, los ojos grises de los civiles volvieron a su color natural. Uno a uno, se detuvieron, parpadeando confundidos, rompiendo el control mental del Cónclave de golpe.

Valerius se desplomó en el suelo de la torre, su mente a punto de romperse por el choque de voluntades. Pero antes de caer en la oscuridad, sintió una calidez dorada envolviendo su corazón.

La bebé, a través del vínculo que compartía con el vampiro, envió un pulso de energía pura. No era solo magia; era amor inocente y gratitud. Las grietas en la cordura de Valerius se cerraron instantáneamente. El dolor desapareció, reemplazado por una paz que el vampiro no había sentido en trescientos años.

Leo viendo por las cámaras cómo la gente empezaba a sentarse en el suelo a preguntar dónde estaban —"¡Lo logramos! Tío Elías, tu aparatito funciona. Pero papá, Caleb, Runa y Silas parecen haber terminado de una clase de yoga muy intensa... están todos despeinados".

Elías limpiándose el sudor de la frente y mirando a Valerius que bajaba de la torre con una expresión casi... humana —"Fue la frecuencia 432 Hz, niño. Te lo dije. Aunque admito que el 'empujoncito' mágico de tu madre y tu hermana ayudó un poco. Científicamente hablando... fue un milagro".

Alexander entrando al laboratorio, respirando agitado y abrazando a Amelia —"Están a salvo. Todos. Amelia, tu hermano es un genio insoportable, pero nos ha salvado a todos".

Mientras Alexander y Caleb y los demás acomodaban a la multitud, Elías terminó de ensamblar un repetidor de señal.

—"Cierren los ojos, esto va a picar un poco en el espectro electromagnético" —advirtió Elías, activando una onda que no dañó a las personas, pero frió instantáneamente los microchips de estasis. Los civiles cayeron en un sueño profundo y natural al instante.

Justo cuando el patio se llenaba de gente dormida, un destello de luz amatista y humo negro anunció a los recién llegados.

—"Llegan tarde a la fiesta, pero traen el mejor truco de magia" —dijo Amelia, saludando a su amiga. Morgana: —"Lamento la tardanza, Amelia. Tuvimos que esquivar tres patrullas de los Observadores en el camino. Déjenme el 'olvido' a mí. Mañana despertarán pensando que hubo una fiesta increíble y que el ponche estaba demasiado fuerte".

Leo, con los ojos inyectados en sangre por la falta de sueño, aunque Amelia ya le tenía un vaso de leche listo, señaló el mapa holográfico.

—"Papá, tío Elías... los Alfas de las manadas del Norte y del Este no están enviando refuerzos. He detectado que sus firmas biométricas están emitiendo el mismo patrón de radio que Varick. No están ignorando nuestras llamadas... están esperando órdenes del Cónclave".

—"Es peor de lo que pensaba. Tienen microchips de grado militar. Alexander, si no atacamos la estación base ahora, esos Alfas se convertirán en caballos de Troya dentro de nuestras propias fronteras". Dijo Elías.

Alexander desplegó un mapa táctico de la estación de los Observadores.

—"Ellos han acumulado recursos por 50 años, pero no tienen a un Black, a una Llave y a un vampiro cabreado de nuestro lado. Elías, ¿qué tan rápido puedes hacer que este edificio sea invisible para sus radares?" le pregunta Alexander.

Elías con una sonrisa arrogante —"Dame veinte minutos, tres latas de refresco y que nadie me toque las herramientas. Vamos a darles una lección de física que no olvidarán en otros 50 años".




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