La Estratega del Alfa

Capítulo 32

En la penumbra del laboratorio subterráneo, el único sonido era el pitido suave de los monitores cardíacos y el tintineo de las pinzas de titanio. El Dr. Elias Black vertía el gel de regeneración celular sobre las severas quemaduras de la espalda de Runa.

A pesar de su avanzada curación de loba, el impacto de la viga cuántica había dejado estragos. Elias estaba tan cerca que Runa podía percibir su aroma característico a café amargo, papel viejo y ozono. Pero lo que realmente llamó la atención de los aguzados sentidos de la Alfa fue el ritmo del corazón de Elias: rápido, errático, completamente alejado de su habitual frialdad matemática.

—"Tu pulso está acelerado, doctor" —susurró Runa, sentada en el borde de la camilla metálica. Al ser notablemente más alta que él, incluso sentada quedaba casi a la altura de sus ojos—. "¿Te pongo nervioso?".

Elias se congeló con la gasa en la mano. Intentó fijar la vista en la herida, pero la textura de la piel de ella y la intensidad de sus ojos dorados a escasos centímetros destruían cualquier intento de lógica.

—"Estoy... analizando la tasa de curación de tus tejidos, Alfa" —respondió Elias, carraspeando, aunque sus dedos rozaron con extrema delicadeza el hombro de Runa—. "Estadísticamente, un espécimen de tu rango debería cerrar estas laceraciones en cuarenta minutos. Que sigas sangrando significa que la energía residual del Cónclave alteró tus células. Me... me preocupa".

Runa estiró la mano y lo tomó suavemente de la muñeca, obligándolo a mirarla de frente. El contraste físico era absoluto: la imponente y atlética Alfa sosteniendo al pulcro científico.

—"Mírame, Elias. No me hables de estadísticas. Me usé de escudo porque no iba a permitir que este mundo se quedara sin tu mente... y porque no iba a permitir perderte".

Elias tragó saliva, desarmado. Dejó caer las pinzas sobre la bandeja. —"Mis ecuaciones no contemplaban que una variable como tú desordenara todo mi sistema, Runa".

—"A las variables hay que sentirlas, Black" —susurró ella, y acortando la distancia, lo atrajo hacia sí en un beso casto pero cargado de una promesa ardiente, sellando por fin la tensión que arrastraban desde el taller.

Dos horas después, la mesa holográfica de la biblioteca reunió a los líderes. Pero la atmósfera era pesada. La ausencia de los Alfas de sus respectivos territorios ya estaba pasando factura.

Leo con un tazón de cereal proyectó los datos rescatados del cementerio. —"El Cónclave no ha muerto. La base que destruimos era un nodo regional. Los líderes sobrevivientes están desesperados; sus cuerpos biológicos se están degradando sin la energía de la Puerta de Estasis. Ahora que detectaron el nacimiento de Lily, la ven como la solución a su extinción. Quieren su ADN para estabilizarse".

Silas robándole el tazón de cereal a Leo y comiendo —"Mis Betas en la Manada del Sur informan que los remanentes del Cónclave están presionando nuestras fronteras. Han controlado la situación por ahora, pero no podré quedarme en la Mansión Thorne mucho más tiempo. Mi gente me necesita en el frente".

Runa sentada al lado de Elias, quien discretamente le pasaba una tableta con sus niveles de salud y una bebida energizante —"Lo mismo en el Norte. Mis Betas han ejecutado bloqueos tácticos, pero los Alfas traidores que sobrevivieron están buscando refugio en mis tierras. Tengo que regresar a limpiar mi territorio".

Kaelen mirando a Morgana con ternura —"La Manada del Oeste está bajo alerta máxima. Mis Betas detectaron movimientos subterráneos similares a los del cementerio. Sugiero que unamos nuestros conocimientos científicos y misiones de reconocimiento. No Podemos pelear esta guerra divididos en cuatro frentes".

Morgana caminando alrededor de la mesa, haciendo flotar runas amatistas y sonriéndole a Kaelen —"La magia de mi aquelarre en el Este ha sentido las fluctuaciones. El enemigo está buscando artefactos antiguos para amplificar la señal que Elías apagó. Mis hechiceros están conteniendo los portales menores, pero necesito regresar al santuario para reforzar los escudos místicos que protegen al Valle entero".

En el rincón de la sala, Valerius permanecía inmóvil, con Lily descansando en sus brazos. La bebé era su ancla mística, el núcleo que estabilizaba la energía oscura del vampiro. Sin embargo, la pequeña no parpadeaba con la inocencia típica de un lactante. Sus ojos reflejaban destellos plateados de estasis que se sincronizaban con los hologramas de la mesa.

De repente, Lily estiró su pequeña mano hacia el mapa. Una sutil onda de energía cuántica e instinto alfa cruzó la habitación, alterando los colores del holograma de Leo. En el mapa del Valle, tres puntos específicos que antes parpadeaban en verde cambiaron a un rojo intenso.

—"Vaya..." —murmuró Leo, tecleando rápidamente—. "Mi hermanita acaba de detectar tres anomalías de frecuencia subsuperficial que mis satélites ignoraron. No son solo bases... son puntos de presión mística".

—"Ella puede sentir dónde el Cónclave está intentando perforar el tejido del Valle" —explicó Amelia, mirando a su hija con orgullo y asombro—. "No necesita hablar para guiarnos. Ella es la brújula".

Valerius asintió levemente, acomodando a la bebé contra su pecho. —"Y el enemigo lo sabe. Mis informantes en los territorios de la estirpe vampírica me han enviado reportes de alerta. El Cónclave está intentando reclutar a los clanes de la noche exiliados, ofreciéndoles el ADN de Lily como la cura definitiva para su sed y su degradación. Mis tierras están en disputa; si el Cónclave toma los santuarios de sangre, tendrán un ejército inmortal".




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