La Estratega del Alfa

Capítulo 33

Los densos bosques del Este no daban la bienvenida a los extraños. La niebla mística de los aquelarres se arrastraba entre las raíces de los robles antiguos, pero esta vez, la bruma no estaba sola; parpadeaba con débiles destellos estáticos celestes, gracias a los microescáneres de Elias que Morgana había entrelazado con las barreras del santuario.

Kaelen y Morgana avanzaban a la vanguardia de su comitiva táctica. Al cruzar la frontera de su territorio unificado, el ambiente cambió. No se respiraba el miedo de una manada acorralada, sino la tensión de un ejército listo. Los centinelas lobos vigilaban desde las copas de los árboles, mientras que los aprendices de hechiceros grababan runas de protección en las cortezas.

Al llegar a la plaza central del Bastión, su Beta de confianza, Gideon, corrió a recibirlos con el rostro sombrío.

—"Alfa, Gran Hechicera, qué bueno que regresan" —dijo Gideon, haciendo una reverencia rápida—. "Los informes de Lily tenían razón. Los satélites de Leo captaron la anomalía justo a tiempo. El Cónclave rompió el perímetro hace veinte minutos en el sector del desfiladero viejo. Traen ejecutores mejorados con bio-tecnología. Mis Betas y los magos de la primera línea los están conteniendo, pero están usando frecuencias que desestabilizan nuestros hechizos".

Morgana dio un paso al frente, con sus ojos amatista brillando con una luz peligrosa. —"Están usando la señal residual del Cónclave para agrietar el santuario. Creen que somos vulnerables porque estuvimos en la mansión". Miró el dispositivo holográfico que Elias le había dado. "Es hora de calibrar la magia con un poco de ciencia Black".

Kaelen dejó salir un gruñido bajo, y sus ojos se tiñeron de un dorado salvaje. El Alfa del Oeste, ahora Rey del Este Unificado, desenvainó su daga ceremonial y extendió su mano libre hacia Morgana.

—"Demostrémosles lo que significa meterse con nuestro pueblo, mi bruja" —sentenció Kaelen, con una sonrisa feroz—. "Gideon, repliega a los cachorros al santuario central. Los guerreros y los magos de asalto, conmigo al desfiladero".

El desfiladero viejo era una garganta de piedra gris donde el viento aullaba como un lobo herido. Allí, una docena de ejecutores del Cónclave —humanos modificados con trajes tácticos de cromo, armas de plasma y ojos inyectados en luz azul de estasis— intentaban perforar una enorme muralla de energía amatista que tres magos sostenían con dificultad.

—"¡Sostengan la línea!" —rugió uno de los ejecutores del enemigo—. "¡La señal de la Anomalía Viva provino de este Valle, traigan el extractor de ADN y derriben a esos malditos perros!".

Antes de que el arma de plasma del Cónclave pudiera disparar contra la barrera, una sombra gigantesca cayó desde el cielo de piedra. Kaelen, transformado a mitad de camino con garras de medio metro y colmillos de plata, impactó directamente contra el líder de los ejecutores, destrozando el traje de cromo de un solo zarpazo y lanzándolo contra las rocas.

Detrás de él, una docena de lobos del Oeste salieron de la niebla, con las fauces abiertas, moviéndose con una ferocidad implacable. Pero el Cónclave reaccionó rápido, activando un dispositivo de frecuencia que emitió un pitido sónico agudo. Los lobos cayeron de rodillas, gimiendo y presionando sus orejas por la sobrecarga biológica.

—"¡Ahora!" —gritó Morgana, apareciendo en lo alto del desfiladero con su capa flotando al viento.

La Gran Hechicera no usó un conjuro antiguo. En su lugar, activó los microescáneres modificado de Elías. El dispositivo emitió una onda de pulso electromagnético que chocó con la frecuencia del Cónclave. El pitido sónico se apagó de golpe, friendo los circuitos de los trajes enemigos.

Libres del dolor, los lobos de Kaelen se levantaron con una furia renovada.

—"¡Ignis Ventus!" —cantó Morgana, moviendo sus manos en círculos perfectos.

Las runas amatistas que flotaban a su alrededor se encendieron en fuego púrpura, pero potenciadas por los nanobots del dispositivo, el fuego no se expandió al azar; se convirtió en ráfagas de plasma místico teledirigidas que impactaron con precisión matemática en las armas del enemigo, haciéndolas estallar en las manos de los ejecutores.

Kaelen, aprovechando la distracción, avanzó como un torbellino de garras y colmillos junto a sus guerreros, barriendo la primera línea del Cónclave en cuestión de minutos. Los hechizos de los magos inmovilizaban a los soldados caídos, mientras los lobos ejecutaban la purga.

Veinte minutos después, el desfiladero volvió a quedar en silencio, salpicado de humo azul y cenizas mágicas. Ningún ejecutor quedó en pie; los pocos sobrevivientes fueron encadenados con runas de supresión para ser interrogados por Gideon.

Kaelen regresó a su forma humana, jadeando ligeramente, con los nudillos ensangrentados pero la mirada llena de un orgullo primitivo. Se acercó a Morgana, quien bajaba de las rocas guardando el escáner de Elias en su cinturón.

El Alfa la tomó por la cintura sin importarle que sus guerreros los observaran, atrayendo el cuerpo de la hechicera contra el suyo.

—"Tu magia es cada vez más letal, mi reina" —susurró Kaelen, rozando sus labios contra la oreja de ella, dejando que su olor a bosque y batalla la envolviera—. "Ese truco con el juguete de Elías fue impresionante".

Morgana sonrió con esa astucia mística que volvía loco a Kaelen, rodeando el cuello del Alfa con sus brazos. —"La ciencia de los Black tiene su encanto, Kaelen, pero nada se compara con la fuerza con la que defiendes lo que es nuestro". Cortó la distancia y lo besó con una pasión salvaje, un juramento de sangre que sellaba su primera victoria en esta nueva guerra.




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