La estrategia: El final (5)

5

La llamada de Elena fue una bomba de relojería en el ya tenso ambiente del penthouse de Tokio.

Lydia miró el comunicador, luego a Mauro, cuya expresión se había endurecido.

La aguja en el corazón que Harry había clavado con su presencia, ahora se retorcía con la anticipación de una verdad inminente.

—¿Qué quiere Elena? —preguntó Mauro, su voz fría, su obsesión por el control manifestándose en un tono autoritario.

Lydia dudó, pero la urgencia en la voz de Elena había sido clara. Necesitaba saber.

—No lo sé. Pero parece importante.

Se excusó y se retiró a su oficina privada, cerrando la puerta detrás de ella.

La imagen de Elena apareció en la pantalla, su rostro serio, sus ojos llenos de una determinación que Lydia nunca le había visto.

—Gracias por atenderme, Lydia —comenzó Elena, sin rodeos—. Sé que esto es inusual, pero hay cosas que necesitas saber. Cosas que Harry y Mauro no te dirán.

Lydia sintió un escalofrío.

—¿De qué estás hablando, Elena?

Elena no perdió el tiempo.

Le habló de la conversación que había escuchado entre Harry y Mauro, de la "estrategia para perderla", de cómo Harry había planeado su renuncia para asegurar la lealtad de Lydia a Mauro y a los Petrovich. Le habló de la obsesión que había consumido a Harry desde los inicios, de cómo la flor negra había amplificado ese anhelo, convirtiéndolo en una fuerza destructiva.

—Harry no está aquí por una evaluación de seguridad, Lydia —dijo Elena, su voz cargada de dolor y verdad—. Está aquí porque no puede dejarte ir. Y Anya, desde su prisión, se está alimentando de eso. Está usando su obsesión, y la de Mauro por el control, para manipularlos a todos.

Lydia escuchó, su mente científica luchando por procesar la avalancha de información.

La seducción silenciosa de Anya, la forma en que había magnificado las emociones humanas, de repente cobró un sentido aterrador.

El velo rasgado de la verdad expuso una realidad mucho más compleja y dolorosa de lo que había imaginado.

—La flor… ¿está amplificando esto? —preguntó Lydia, su voz apenas un susurro.

Elena asintió.

—Theo y Mika lo han sentido. Anya no busca destruir; busca controlar a través de la lealtad y la obsesión. Y tú, Lydia, eres la clave. Tu lealtad a Mauro, a los Petrovich, es lo que ella quiere romper.

La revelación golpeó a Lydia con la fuerza de un golpe físico. La "estrategia" de Harry, el sacrificio que él creía haber hecho por ella, ahora se revelaba como una trampa aún más insidiosa, una que Anya estaba explotando. Su propia lealtad, su sentido del deber, se había convertido en un arma en manos de una mente maestra invisible.

Mientras tanto, en el Jardín de las Maravillas, Theo y Mika sentían la intensidad de la conversación. La flor negra pulsaba con una mezcla de angustia y una nueva claridad. El resplandor hipnótico azul que indicaba la influencia de la obsesión se intensificaba, pero también había un atisbo de un brillo dorado, una señal de que la verdad estaba saliendo a la luz.

—Elena lo está logrando —dijo Theo, sus ojos fijos en la flor—. Está revelando la verdad.

Mika asintió, pero su rostro permanecía sombrío.

—Pero la verdad también es dolorosa. Y Anya se alimenta del dolor.

De vuelta en la oficina de Lydia, la puerta se abrió abruptamente.

Era Mauro.

Su rostro estaba tenso, sus ojos escudriñando la pantalla donde la imagen de Elena aún era visible.

—¿Qué está pasando aquí, Lydia? —preguntó Mauro, su voz cargada de sospecha y una creciente ira.

La obsesión por el control lo hacía intolerante a cualquier secreto.

Lydia se giró hacia él, su rostro pálido pero con una nueva determinación.

El velo se había rasgado, y la verdad, por dolorosa que fuera, era su única arma.

—Elena me está diciendo la verdad, Mauro. Sobre Harry. Sobre ti. Y sobre lo que Anya realmente está haciendo con la flor.

Mauro se acercó, su rostro contorsionado por la furia.

—¡No escuches sus mentiras! ¡Ella solo quiere sembrar discordia!

Pero Lydia ya no era la misma.

La fortaleza resquebrajada de su corazón había encontrado una nueva base en la verdad.

Miró a Mauro, luego a la pantalla donde Elena la observaba con una mezcla de apoyo y aprensión.

La lealtad de Lydia, que había sido el pilar de su vida, se enfrentaba a su prueba más grande.

La semilla de la discordia había germinado, y ahora, la confrontación no era solo entre Harry y Mauro, sino entre la verdad y la manipulación.




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