La estrella que no pudimos apagar

Capítulo 13. La boda.

Thomas

Creo que al final, no puedo cambiar las cosas; he pasado estos días en piloto automático, arrastrando mi cuerpo como si fuera un cadaver… Realmente detesto mirar la vida desde el lente pesimista, he trabajado tanto en mí para evitar eso, que me siento como si fuera una traición a mí mismo el estar en este estado. Y como si el mundo no tuviera un significado real, no puedo evitar ser bombardeado por preguntas que no puedo responder, ¿De qué vale esto? ¿De qué vale todo? Mi cerebro se ha negado a avanzar, solo repite el momento una y otra vez… Creo variantes, veo otras formas de hacer las cosas, y solo puedo recordar como ella me dejó ahí, arrodillado.

No tengo miedo de perder el orgullo, creo que ni tengo orgullo si se trata de ella. Rogaría una y otra vez, sangraría mis rodillas hasta desfallecer si fuese necesario, pero detesto la mirada que vi en sus ojos, detesto sentir que estoy interrumpiendo el curso de su vida.

Y a diferencia de otros momentos, han pasado tantas cosas, que no sé ni por dónde empezar a contarle a nadie. Pese a la muy oportuna llamada de Mitchell, un amigo muy cercano que hice en la maestría, que evitó que yo tomase la botella que encontré en la nevera, no quisiera darle continuación a la conversación.

—Entonces, ¿Te vas a rendir con ella? —dice insistiendo.

—Supongo.

—¿Y ya?

No quiero ni hablar, la voz se me corta; siento que el mundo conspira, pero no en pos nuestro. Siento que ya… no sé qué más sentir.

—Ruega, Thomas, ruega.

—Eso hice. De rodillas en la acera.

Oigo unos ruídos de risas que Mitch suelta, pero más nerviosas que otra cosa.

—¿Y ya?

Respiro profundo.

—No sé qué pensaba al dejarla. Yo… me siento culpable, porque tomé mi sueño y dejé nuestra relación. Si ese era el precio… creo que no sé si valía la pena.

—Thomas, si no seguías tu sueño, te ibas a resentir, incluso contigo, puede que hasta con ella, con todos.

—¡Thomas! —escucho que grita Adam —¡Debemos irnos!

—¿Tan temprano? —pregunta extrañado Mitchell por el teléfono, supongo que oyó el grito de mi amigo.

—Sí… es que Anker quiere que todo salga perfecto.

—Nos vemos, Tom —me despide y luego añade —. Eres un buen hombre, con errores como todos, pero un buen hombre, ¿Sí?

—Adios, Mitch.

Corto la llamada, y me miro en el espejo. Muevo mis brazos, e intento hacer que mis manos no estén tan frías, pero este traje, aunque muy hermoso, no cubre que el dolor inunda mi alma.

—¿Listos? —pregunta Bastian.

—Sí, Shawn y Anker ya están en el iglesia —dice Adam, mientras luego saca su celular para buscar una lista de cosas —, tengo los anillos, la llave del auto de Anker, los boletos de avión, la reservación… Creo que no se me queda nada.

—Las maletas —le recuerdo.

Toda esa logística se la dejamos a Adam, quién tiene un talento natural para ordenar, arreglar y planificar. Toda la luna de miel fue planificada por él, y creo poder decir con seriedad, que de verdad es soñada.

Nuestro grupo es realmente una familia…

—Mierda.

Adam sale del auto para correr a la casa a buscar la maleta de Anker y Sophie, que ellos prepararon ayer mismo, para irse de inmediato tras la boda a su luna de miel.

No entiendo como podría ser que en serio nos encontramos, para dejarnos ir. O quizás es que soy un tonto, un tonto que no sabe soltar. Un tonto que no sabe entender que ya no pertenecemos el uno al otro, que no nos sabemos amar, que nos lastimaremos. Soy un tonto que no acepta que deberá estar sin ella.

Soy un tonto.

He intentado por años, incluso antes de amarla, ser mejor persona, trabajar en mí. He intentado tener sanidad. Pero… quizás solo estoy tan roto como cuando abusaron de mí.

Aprendí a estar solo, desde pequeño e incluso aprendí a ver el estar solo como algo positivo. Pero estar sin ella es una soledad que me desola.

Camino detrás de mis amigos, y no hay señales de las chicas. Instintivamente la busqué, por todos lados, como mis pulmones buscan el oxígeno. Todas han de estar con la novia. Vamos hasta el lugar donde se prepara Anker, él está con los ojos cerrados, recostado sobre el sofá, respirando profundo. Cuando entramos, él nos observa y luego regresa a su lugar.

Adam nos informa que tiene algo que hacer, entonces Bastian y yo entramos. Notamos a Shawn terminando de arreglar su traje con mucha atención, pero me dice que vaya a hablar con Anker en voz baja.

Me dirijo al novio, a quien noto con un semblante poco tranquilo.

—¿Bien? —pregunto acercándome a él.

—Sí —responde —, sí. Estoy bien.

—¿Seguro? —intuyo —, es normal que tengas nervios, que te sientas algo…

—Solo quiero que sea perfecto.

—Es perfecto, sé que Sophie lo amará —le digo.

Nos interrumpe la gran puerta de entrada de la habitación. El imponente cuerpo de la chica roba nuestra atención y veo como Shawn la mira con la ternura que sé que emana de los ojos de todos nosotros, cuando vemos a quién amamos.

—Todos está tal y como lo pediste, An —dice Jules, luego de enviarle un beso a su pareja. Con el ajustado vestido morado podemos ver que sí tiene una leve pancita, casi imperceptible si no te fijas bien, porque su bebe crece lentamente —. A Soph le encantaron las flores.

Ella entra, An le sonríe, y tras depositarle un beso en la cabeza, ella se retira.

—Hubiese querido que Eva estuviese aquí —susurra Anker, mientras noto que sus ojos quieren derramar lágrimas.

—Ella también hubiese querido estar aquí —le respondo —Sabes que Eva amaría llevarte al altar.

Eva fue la hermana mayor de Anker y Jules, su muerte marcó profundamente a todos. Sé que estos momentos son tan sensibles, que esas heridas afloran, pero no podemos dejar que la tristeza le robe su boda.

—Ella estaría muy orgullosa de ti —le vuelvo a decir —. Y quisiese que disfrutaras de las buenas cosas de la vida. ¿Sí? De la mujer que amas, de la boda que prepararon, de la vida que construirás.




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