La eternidad del abismo

Amanecer en ruinas

Amanece.

No es hermoso,
no es cálido,
no es como lo soñaban las canciones.

El cielo está opaco,
la luz se filtra débil
como si también tuviera miedo de entrar.

Mi cuerpo duele,
mi alma se arrastra,
y aun así…
me incorporo.

No hay victoria,
pero tampoco hay rendición.

El café sabe a nada,
mis manos tiemblan,
mi pecho todavía lleva tu nombre
como una herida mal cerrada.

Pero camino.

Entre ruinas,
entre polvo,
entre pedazos de mí que no sé si quiero juntar.

Y aunque no lo llame esperanza,
hay algo que empuja
desde adentro,
como si mi propia sombra
me recordara
que aún me pertenezco.




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