—Respira —le susurró alguien detrás.
No supo quién fue.
Tal vez su madre. Tal vez nadie.
Intentó hacerlo, pero el aire entró lento, como si tuviera que pedir permiso.
Lo miró por primera vez desde el altar.
Él estaba ahí, erguido, serio, con una calma que parecía ensayada.
Cuando sus miradas se cruzaron, él sonrió apenas, una sonrisa breve, segura.
Eso debería haberla tranquilizado.
No lo hizo.