Sus oídos zumbaron.
El mundo se inclinó apenas, lo suficiente para que ella sintiera que el equilibrio no era una certeza.
El suelo parecía lejos. Demasiado lejos.
—¿Estás bien? —escuchó.
La voz no parecía venir de nadie conocido.
Asintió otra vez, por costumbre, no por convicción.