La llamó por primera vez.
Su nombre sonó extraño, como si no le perteneciera del todo.
Giró la cabeza, buscando el origen de la voz, pero ya no estaba segura de haberla escuchado realmente.
Después, su casa.
La casa nueva.
El recuerdo apareció sin aviso, como si alguien hubiera cambiado la escena sin pedir permiso.