Olor a pintura fresca mezclado con café recién hecho.
Las paredes aún demasiado limpias.
Las cajas apiladas en las esquinas, cerradas durante semanas, porque la vida no parecía tener prisa por empezar.
—Luego vemos eso —dijo él una mañana, señalando las cajas.
Ella asintió, sentada en el suelo, con una taza caliente entre las manos.
Le gustó esa idea: luego. Sonaba a futuro.