El primer sueño fue idéntico a la iglesia.
El aire espeso.
Las flores demasiado dulces.
El vestido pesado.
Despertó con el corazón acelerado y la garganta seca.
—¿Tuviste una pesadilla? —preguntó él, medio dormido.
—No —respondió ella.
Se dio la vuelta y cerró los ojos otra vez