La Excepción a su Reglas

2. Una Prueba Positiva

Había pasado un mes desde aquella noche, y Alessia había hecho lo imposible por no pensar en ella.

Había trabajado turnos dobles. Había sonreído a clientes que ni siquiera la miraban. Había ignorado el cansancio que le pesaba en los huesos, las náuseas de la mañana que atribuía al estrés y ese retraso que se negaba a mirar de frente.

Hasta esa tarde.

Regresó a su pequeño apartamento con una bolsa de la farmacia apretada contra el pecho, como si pudiera ocultar lo que llevaba dentro. Cerró la puerta con llave, corrió la cortina y se quedó de pie en el centro de la sala, respirando hondo.

—Solo es un retraso —se dijo en voz alta —El estrés hace cosas raras.

Su voz sonó tan poco convincente que casi se rio.

Entró al baño y siguió las instrucciones con manos torpes. Luego dejó la prueba sobre el lavabo, se sentó en el borde de la bañera y contó los minutos mirando el reloj, como quien espera una sentencia.

Uno... Dos.... Tres.

Cuando por fin se atrevió a levantarse, el mundo se detuvo. Dos líneas rosadas. Nítidas. Imposibles de negar.

Alessia dejó caer la prueba. Se llevó una mano a la boca y la otra al vientre, y las piernas dejaron de sostenerla. Se deslizó por la pared hasta quedar sentada en el suelo frío.

—No… no, no, no —susurró, y las lágrimas llegaron sin permiso —No ahora. No así.

El miedo la golpeó con toda su fuerza. No tenía ahorros. No tenía un trabajo estable. No tenía familia a la que acudir. Y el padre era un desconocido de ojos oscuros, sin nombre, sin número, sin rastro.

¿Cómo iba a criar a un hijo sola?

Lloró hasta que no le quedaron lágrimas. Después, el silencio cayó sobre el apartamento, y en medio de ese silencio ocurrió algo inesperado.

Su respiración se calmó.

Alessia bajó la mirada hacia su vientre todavía plano. Allí no había nada visible, solo un latido diminuto que el mundo aún no podía ver. Pero era suyo. Era lo único verdaderamente suyo que la vida le había dado.

—Hola, pequeño —murmuró, con la voz rota y una sonrisa temblorosa —Soy tu mamá. Y te prometo que no vas a estar solo.

Se limpió las mejillas con el dorso de la mano y se puso de pie. El vértigo seguía allí, pero ahora tenía compañía, una determinación firme, silenciosa, que crecía junto a la vida que llevaba dentro.

Nadie tenía que saberlo. Ni el hombre de la gala, ni nadie. Lo tendría sola, aunque tuviera que romperse la espalda trabajando.

Guardó la prueba en un cajón, como quien guarda un secreto.

Lo que no imaginaba era que ese secreto, tarde o temprano, la llevaría de vuelta a la puerta del hombre que juró olvidar.

________________________________

Nota de la autora 💌

¡Gracias por seguir a Alessia en este camino, queridos lectores! 🥹 Este capítulo fue de los que se escriben con el corazón en la mano, porque a veces el miedo y la valentía llegan juntos.

Cuéntame en los comentarios qué te pareció y no olvides dejar tus estrellitas ⭐⭐⭐⭐⭐, ¡me dan muchísima energía para seguir! 🙏

Y ahora dime ¿crees que Alessia hace bien en ocultarle el embarazo al padre, o debería haberlo buscado? 👀




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.