Camila abrió la puerta de su apartamento con el pijama a medio poner y un tazón de cereal en la mano. Bastó una mirada al rostro de Alessia para que lo dejara sobre la mesa.
—Pasa —dijo con suavidad —Y no me digas que estás bien, porque tienes la cara de quien no ha dormido en una semana.
Alessia intentó sonreír, pero los labios le temblaron. Entró, se sentó en el sofá y apretó un cojín contra el pecho. Camila era lo más parecido a una hermana que había tenido: la única que le dejaba un plato caliente cuando no llegaba a fin de mes y la única que nunca hacía preguntas incómodas.
Esa noche, Alessia no pudo seguir callando.
—Estoy embarazada —soltó de golpe.
El silencio duró apenas un segundo. Luego Camila se arrodilló frente a ella y le tomó las manos.
—¿De cuánto?
—Un mes, más o menos.
—¿Y el padre? —preguntó su amiga con cautela.
Alessia bajó la mirada. Le contó todo, la gala, el desconocido, la terraza, el ascensor, la huida al amanecer. No omitió nada, ni siquiera la vergüenza.
—¿No sabes cómo se llama? —murmuró Camila, incrédula—Alessia, esa fiesta era de gente importante. Alguien tiene que conocerlo. Podemos averiguarlo, preguntar, buscar la lista de invitados…
—No.
La palabra salió firme, más de lo que ella misma esperaba.
—Piénsalo —insistió Camila —Si es alguien con dinero, podría darle al bebé todo lo que tú…
—¿Todo lo que yo no puedo? —la interrumpió Alessia, con una sonrisa triste —Lo sé. Pero no conozco ese mundo, Cami. Y lo que sí conozco me enseñó algo, la gente con mucho poder también tiene mucho que perder, y suele proteger eso antes que a las personas.
—No sabes si él es así.
—No, no lo sé. Y no pienso arriesgar la paz de mi hijo para averiguarlo.
Se llevó una mano al vientre, casi sin darse cuenta.
—Yo no necesito lujos para esta criatura. Necesito que crezca en un hogar tranquilo, donde nadie lo mire como un error ni como un negocio. Donde sepa que su mamá lo quiso desde el primer día.
Camila sintió que se le humedecían los ojos. Apretó las manos de Alessia y asintió despacio.
—Entonces no estarás sola —dijo —Eso te lo prometo. Habrá una tía loca y entrometida en cada cumpleaños.
Alessia soltó una risa quebrada, la primera en semanas, y se abrazó a su amiga.
—Gracias —susurró —Decidí criar a mi bebé sola. Y voy a hacerlo bien.
Esa noche, por primera vez en mucho tiempo, durmió sin miedo.
Lo que no sabía era que, al otro lado de la ciudad, un hombre contemplaba la habitación de hotel vacía, sosteniendo una almohada que aún conservaba su perfume, y había decidido que no pararía hasta encontrarla.
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Nota de la autora 💌
¡Hola, mis lectores queridos! 🥰 Este capítulo me emocionó mucho escribirlo, porque a veces el amor más fuerte es el de una amiga que te sostiene cuando todo tiembla. 🫶
Cuéntame en los comentarios qué opinas y regálame tus estrellitas ⭐⭐⭐⭐⭐, ¡me ayudan a seguir publicando! 🙏
Ahora dime ¿crees que Alessia acierta al no buscar al padre, o el destino terminará juntándolos de todos modos? 👀