La Excepción a su Reglas

5. Sé lo que escondes

Alessia no durmió esa noche...

Cada crujido del edificio la sobresaltaba, y cada vez que cerraba los ojos veía el auto negro, inmóvil bajo la farola, como un animal al acecho. Al amanecer, con las ojeras marcadas y el cuerpo agotado, tomó una decisión, no iba a vivir con miedo.

Se puso un abrigo sobre el vientre, bajó las escaleras con una mano en la baranda y salió a la calle.

El auto seguía allí.

El corazón le golpeó las costillas. Dio un paso atrás, pero antes de que pudiera regresar al portal, la puerta delantera se abrió y bajó un hombre de traje oscuro, de unos cincuenta años, con el rostro serio y los modales de quien lleva toda la vida obedeciendo órdenes.

—¿Señorita Alessia? —preguntó el chofer, acercándose con calma.

—¿Quién es usted? —respondió ella, retrocediendo otro paso —No tengo nada que hablar con nadie.

—No vengo a molestarla, señorita —dijo él, levantando una mano en señal de paz —Solo cumplo un encargo.

Del interior de su chaqueta sacó un sobre blanco, grueso, sin nombre ni dirección. Se lo extendió con ambas manos.

—Mi jefe me pidió que se lo entregara en persona.

—¿Quién es su jefe? —exigió saber Alessia, sin tocar el sobre.

—Eso no me corresponde decirlo —contestó el chofer con tono respetuoso —Me dijo que usted sabría a qué se refiere.

—No sé a qué se refiere —mintió ella, con la garganta seca.

El hombre inclinó la cabeza, como si no esperara otra respuesta. Dejó el sobre en sus manos, volvió al auto y arrancó sin mirar atrás. El motor se perdió al final de la calle, y Alessia se quedó sola, con el sobre temblándole entre los dedos.

—Camila va a decirme que lo tire —murmuró para sí misma —Y tendrá razón.

Pero no lo tiró.

Subió al apartamento, cerró con llave y se sentó a la mesa. Rasgó el borde con dedos torpes y sacó una sola hoja doblada en dos. La desplegó despacio.

Había una única línea, escrita con tinta negra y letra firme:

«Sé lo que escondes.» Alessia sintió que el aire abandonaba la habitación. Releyó la frase una, dos, tres veces. Solo había una cosa en el mundo que escondía. Una sola. Y únicamente su mejor amiga lo sabía.

—No puede ser —susurró, llevándose la mano al vientre — Nadie más lo sabe.

Entonces acercó la hoja a su rostro, buscando alguna pista, algo que delatara al remitente. Y lo percibió.

Un aroma tenue, casi imperceptible, atrapado en el papel. Madera, cuero y un rastro de whisky.

Se le heló la sangre.

Conocía ese perfume. Lo había respirado durante toda una noche, pegado a su piel, en una suite de hotel que había jurado olvidar.

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Nota de la autora 💌

¡Hola, mis lectores queridos! 🥰 Gracias por seguir acompañando a Alessia. Ya empezamos a destapar los secretos y les prometo que esto apenas comienza. 🔥😏

Cuéntame en los comentarios qué opinas de este capítulo y regálame tus estrellitas ⭐⭐⭐⭐⭐, ¡me ayudan muchísimo a seguir escribiendo! 🙏

Ahora dime ¿crees que él realmente sabe del embarazo, o se refiere a otro secreto? 👀🖤




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