Alessia soltó la hoja como si quemara.
Retrocedió hasta chocar con la encimera, con la respiración entrecortada y la mano apretada contra el vientre. Era imposible. Aquel hombre no sabía su nombre, ni su dirección, ni siquiera su apellido. Ella misma se había asegurado de no dejar rastro.
Entonces, ¿cómo la había encontrado?
El teléfono vibró sobre la mesa y el sonido le arrancó un grito ahogado. En la pantalla parpadeaba un número desconocido. Lo dejó sonar una vez, dos, tres veces, hasta que el silencio fue peor que el timbre. Con dedos helados, deslizó el dedo y contestó.
—¿Quién habla? —susurró.
Del otro lado solo hubo una respiración lenta, controlada.
—Mira por la ventana, Alessia —dijo por fin una voz grave, masculina, que ella reconoció al instante.
Se le doblaron las rodillas.
—No… —murmuró ella, y su voz se quebró —No tengo nada que decirte.
—Pero yo sí —respondió él, sin alzar el tono —Y llevo seis meses esperando decirlo.
Alessia caminó hasta la ventana con las piernas temblorosas y apartó apenas la cortina. El auto negro estaba de nuevo al final de la calle, con los faros encendidos esta vez. Junto a la puerta trasera, la silueta de un hombre alto la observaba con las manos en los bolsillos.
Aunque estaba lejos, sintió su mirada atravesarle el pecho.
—¿Cómo me encontraste? —preguntó ella, con un hilo de voz.
—Eso no importa ahora —contestó él —Lo que importa es lo que llevas dentro de ese abrigo.
El mundo se detuvo. Alessia se llevó la mano libre a la boca para ahogar un sollozo.
—No sé de qué hablas —dijo, desesperada.
—No me mientas —ordenó él con una calma que daba más miedo que un grito —Soy un hombre que siempre consigue lo que busca. Y esta vez no pienso perderlo.
—No es tuyo —replicó ella, con una furia repentina que le salió desde lo más hondo —Nunca lo fue. Tú no sabes nada de mí.
—Sé lo suficiente —respondió él, y hubo una pausa cargada de algo que ella no supo descifrar —Sé que huiste. Y sé que esta noche, tú y yo vamos a hablar.
—¿Y si me niego?
—Entonces subiré yo.
En ese instante, un golpe seco resonó en la puerta del apartamento.
Alessia giró la cabeza, helada. Había visto al hombre en la calle hacía apenas un segundo. Era imposible que ya estuviera allí.
—Alessia —dijo la voz por el teléfono, ahora más baja — Abre.
El segundo golpe fue más fuerte. Detrás de la puerta, una voz que no era la del teléfono pronunció su nombre con un susurro que le erizó la piel.
Alessia comprendió, con horror, que había alguien más en el pasillo.
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Nota de la autora 💌
¡Hola, mis lectores hermosos! 🥰 Confieso que escribí este final con el corazón en la garganta. 😱 La tensión apenas empieza y les prometo que los secretos van a salir a la luz muy pronto. 🔥
Cuéntame en los comentarios qué piensas y no olvides dejar tus estrellitas ⭐⭐⭐⭐⭐, ¡me dan muchísima energía! 🙏
Ahora dime ¿quién creen que está detrás de la puerta si el hombre sigue en la calle? 👀🖤