Alessia no tomó su mano.
Apoyó una palma en el asiento, otra en el marco de la puerta, y se puso de pie con dificultad, ignorando la punzada en la espalda. El aire fresco del atardecer le erizó la piel.
—Puedo sola —dijo ella, sin mirarlo.
Él retiró la mano despacio, y algo cruzó por su rostro: no fue enojo, sino algo más parecido a la paciencia de quien aprende a esperar.
—Como quieras —respondió él.
—¿Dónde estamos? —preguntó Alessia, alzando la vista hacia las torres de cristal —¿Por qué me trajiste aquí?
—Porque es el único lugar donde nadie puede tocarte.
—Eso no responde mi pregunta.
—Lo sé —admitió él, y por primera vez la miró de frente — Pero responderla aquí afuera sería un error.
Alessia dio un paso atrás.
—Ni siquiera sé tu nombre —murmuró ella —Pasé una noche contigo, y no sé cómo te llamas.
Un músculo se tensó en la mandíbula del hombre.
—Damián —dijo él —Damián Sterling.
El apellido le cayó encima como un golpe. Lo había visto grabado en la fachada, en la reja, en las placas de la entrada. Ese nombre estaba en los periódicos, en las portadas de negocios, en los edificios más altos de la ciudad.
—¿Eres… el dueño de todo esto? —preguntó ella, con un hilo de voz.
—Sí.
—Entonces me equivoqué —susurró Alessia, y soltó una risa amarga que le humedeció los ojos —Pasé la noche con el hombre más poderoso de la ciudad, y ni siquiera lo sabía.
—Tú no te equivocaste —respondió Damián, con voz grave—Yo fui quien no te dijo quién era.
—¿Por qué?
—Porque contigo, por una noche, quise ser nadie.
Ella lo miró, sin saber qué hacer con esa confesión. Antes de que pudiera responder, las puertas de cristal del edificio se abrieron con un siseo suave.
Una mujer salió con paso firme. Tenía unos sesenta años, el cabello recogido en un moño impecable y un traje gris que no tenía una sola arruga. Se detuvo a pocos metros y examinó a Alessia de arriba abajo, deteniéndose un segundo de más en su vientre.
—Así que es ella —dijo la mujer, con una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—Señora Whitfield —respondió Damián, y su tono se volvió frío como el hielo —No esperaba que bajara a recibirnos.
—Cuando mi jefe llega con una mujer embarazada y la mitad de la ciudad detrás —replicó ella con suavidad —lo mínimo que puedo hacer es presentarme.
Se volvió hacia Alessia y le tendió una mano delicada.
—Bienvenida a su nueva casa, querida —dijo la señora Whitfield —Hemos esperado mucho tiempo este momento.
Alessia sintió un escalofrío. Por la forma en que lo dijo, no parecía una bienvenida.
Parecía el cierre de una trampa.
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Nota de la autora 💌
¡Hola, mis lectores queridos! 🥰 ¡Por fin sabemos su nombre! 😱🔥 Y apareció alguien que huele a secreto desde lejos. 😏 Les prometo que lo que viene va a poner todo patas arriba.
Cuéntame en los comentarios qué piensas y regálame tus estrellitas ⭐⭐⭐⭐⭐, ¡me ayudan muchísimo a seguir escribiendo! 🙏
Ahora dime ¿creen que la señora Whitfield es aliada o enemiga de Alessia? 👀🖤