Alessia no aceptó la mano de la señora Whitfield.
—Gracias, pero no pienso quedarme —dijo ella, retrocediendo un paso —Solo quiero que me expliquen qué está pasando.
—Lo sabrá a su debido tiempo, querida —respondió la señora Whitfield con una sonrisa tranquila, y bajó la mano sin mostrar molestia alguna —Primero debe descansar. En su estado, no conviene agitarse.
—¿En mi estado? —repitió Alessia, y sintió que la sangre le subía al rostro —¿Cómo sabe usted de mi estado?
El silencio que siguió fue breve, pero lo bastante largo para que ella lo notara. Damián giró la cabeza hacia la mujer, y sus ojos se estrecharon.
—Eso mismo quisiera saber yo —dijo él, con voz baja y peligrosa.
—Es evidente, señor —contestó la señora Whitfield, sin perder la calma —Cualquiera con ojos puede verlo.
Era una respuesta perfecta. Demasiado perfecta.
—Entremos —ordenó Damián, y puso una mano en la espalda de Alessia, con tanto cuidado que ella apenas sintió el contacto —Hace frío.
Esta vez, ella no se apartó.
El vestíbulo era un mundo aparte: mármol blanco, techos altísimos, una escalera de cristal que parecía flotar en el aire. Alessia caminó entre empleados que bajaban la mirada a su paso, sintiéndose pequeña, desaliñada, fuera de lugar. Llevaba el abrigo arrugado y las manos todavía raspadas por el hierro de la escalera de incendios.
Subieron en un ascensor privado hasta el último piso. Al abrirse las puertas, un pasillo silencioso los condujo hasta una habitación amplia, bañada por la luz dorada del ocaso.
Alessia se detuvo en el umbral.
Había una cama enorme con sábanas claras, un sillón junto a la ventana y un armario abierto con ropa de su talla, ropa de maternidad, todavía con las etiquetas puestas. Y en un rincón, junto al ventanal, una cuna de madera blanca.
—¿Qué es esto? —susurró ella, con un nudo en la garganta.
—Tu habitación —respondió Damián.
—Esta cuna… —Alessia tragó saliva —Es igual a la que yo pinté.
—Lo sé —admitió él, y desvió la mirada —Hace meses que sé muchas cosas de ti, Alessia.
—¿Meses? —preguntó ella, con la voz quebrada —¿Me estuviste vigilando?
—Te estuve buscando —corrigió Damián —Y cuando te encontré, alguien más ya lo sabía.
Un golpe de intuición le recorrió la espalda. Alessia se volvió despacio hacia la puerta, donde la señora Whitfield seguía de pie, con las manos cruzadas y la sonrisa intacta.
—Qué atento de su parte, señor —comentó la mujer — Todo estaba preparado, tal como lo pidió.
—Yo no pedí esta habitación —dijo Damián.
El aire se quedó quieto. Alessia sintió que las paredes se cerraban a su alrededor.
Y entonces comprendió que, si Damián no había preparado aquel cuarto, alguien más lo había hecho. Alguien que sabía exactamente cuándo llegaría.
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Nota de la autora 💌
¡Hola, mis lectores queridos! 🥰 ¡Esto se pone cada vez más misterioso! 😱 Esa habitación guarda más secretos de los que parece, y la señora Whitfield... uf, ¡qué mujer! 😏🔥
Cuéntame en los comentarios qué opinas del capítulo y no olvides tus estrellitas ⭐⭐⭐⭐⭐, ¡me ayudan muchísimo! 🙏
Ahora dime ¿quién creen que preparó esa habitación en secreto? 👀🖤