La Firma del Nudo

Prólogo

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Huyendo, si alguien me pregunta que hago esa sería mi respuesta. Suena vacía, tal y como me siento en este momento.

Cuatro años de mi vida perdidos en su engaño… La vida solo parece querer recordarme, una y otra vez, que no soy importante para nadie.Al principio intenté negar lo que había escuchado: sus palabras frías, la seguridad con la que relataba cómo había jugado conmigo. La persona que creí mi salvación terminó siendo el peor error que cometí.

No solo me engañó: llevaba una vida paralela. Otra mujer ocupaba el lugar de su esposa oficial, mientras yo era la amante. La sombra. A la que llevaba a lugares lejanos para que nadie nos viera. Decía que quería enseñarme el mundo… cuando en realidad solo me escondía en él.

Seguirlo incondicionalmente me costó los últimos años de vida de mis padres.Mi madre murió consumida por la tristeza, casi siete meses después de la muerte de mi hermana en un horrible accidente. Mi padre, sin fuerzas para seguir, decidió acompañarla.No pensaron en mí. No sé qué es lo que me sorprende, nunca lo hicieron, o por lo menos no de las maneras correctas.Por eso nunca entendí lo que Elijah había hecho conmigo. Él sabía que mi familia no me quería, que yo era un error en la vida de todos… y aun así eligió lastimarme. Que es lo que buscaba de mí, quizás alguien que fuera su sumisa, un cuerpo para calentar su cama en sus viajes...

Cuando lo escuché en esa llamada, creí que bromeaba con alguien... Pero algo en mí supo que debía seguirlo.Entonces vi la escena de amor en un restaurante, en la cual el era el coprotagonista, junto con ella. Su esposa. El amor con el que la miraba no se parecía en nada al afecto fingido que me había dado.

En ese instante supe que no iba a dedicarle un solo día más de mi vida. No dependía de él. Tenía mi herencia —lo único que mi familia me había dejado, ja como si me la hubiesen dejado lo que me quedo de ellos al ser la única viva— y, por primera vez, estaba dispuesta a vivir por mí, a complacerme a mí. Compré un boleto de avión para esa misma noche, usando el pasaporte falso que había conseguido años atrás, cuando planeaba huir de mi casa incluso antes de que él llegara a mi vida. Siempre supe que, tarde o temprano, lo necesitaría.

Antes de ir al aeropuerto, y sabiendo que intentaría encontrarme, porque era tan cínico que se extrañaba de que no haya querido verlo, saqué mi móvil y le envié un último mensaje:“Fue bueno mientras duró. Ya lo sé todo.”Apagué el teléfono, lo tiré en un cesto cercano. Él tenía dinero y poder, dos cosas que le harían fácil encontrarme y no era algo que yo deseara. Por lo que me camufle entre la gente y me permití desaparecer. Una vez en el avión, me permití llorar.La primera y última vez que lo haría por él.De ahora en más, iba a ser egoísta. Es el momento en que, por primera vez, iba a vivir por mí.




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