La Flor del Ángel Caído

CAP 10. El Eco del Vacío

El Vacío no tiene dirección.
No tiene arriba ni abajo.
No tiene tiempo.

Solo extensión infinita… y conciencia antigua. Y en el centro de esa negrura primordial, algo ardía.

No con fuego. Con furia.

Zhakar no gritaba.

Pero el espacio a su alrededor se retorcía como si lo hiciera. Sombras líquidas se alzaban y se disolvían. Fragmentos de energía oscura chocaban entre sí, desgarrándose en espirales violentas.

Había sentido el momento exacto.

El instante en que Kael desafió su propia sombra por Arlina.

Su siervo. Rebelándose.

La ira no provenía solo de esa desobediencia.

También la sintió cuando Elías intervino. Cuando alivió el miedo de Adrián. Cuando sostuvo el equilibrio emocional que él intentaba quebrar.

Zhakar apretó el puño.

La energía estalló alrededor.

Pero entonces…

Sintió otra presencia.

Una luz. No pura.

Pero antigua. Celestial.

Aurelion.

El juicio había comenzado.

Y eso era lo verdaderamente peligroso.

Zhakar comprendió algo que no quería aceptar: El cielo estaba reaccionando. Y si el cielo reaccionaba… El equilibrio se inclinaba. Y si el equilibrio se inclinaba… La profecía podía activarse.

Su forma oscura se expandió violentamente.

— No… — murmuró.

Y esta vez hubo algo distinto en su voz.

No era ira. Era una grieta.

Zhakar alzó ambas manos.

El Vacío respondió.

Tres pulsos ancestrales vibraron en la oscuridad infinita.

Una convocatoria. Una orden.
Una exigencia.

El llamado a los Tres Primordiales.

Y entonces, el escenario cambió.

Ante él se manifestaron unas puertas colosales, talladas en piedra negra y vetas carmesí, suspendidas en medio del Vacío. Antiguas. Nobles. Inquebrantables.

Zhakar avanzó.

Las abrió.

Al otro lado no había caos.

Había estructura.

Un salón vasto de columnas titánicas, mármol oscuro pulido y un techo que parecía sostener un cielo rojo estático, surcado por fisuras de luz invertida.

Al fondo, tres tronos. Vacíos.

Primero llegó la Resonancia.

Lysara Nocthiel emergió como un eco que se materializa. Su figura femenina se delineó entre ondas oscuras que vibraban suavemente. Sus ojos violetas observaban con una calma inquietante.

Se colocó frente al trono central.

No se sentó.

Luego llegó la Grieta.

Vaereth Khaidor apareció como una fractura vertical en el espacio que lentamente tomó forma humanoide. Marcas luminosas recorrían su piel gris, como cicatrices abiertas.

Se posicionó a la izquierda.

Y por último…

El Silencio.

No hubo estallido.
No hubo despliegue.

Solo presencia.

Azael Vaelor caminó hasta el trono del lado derecho, su bastón tocando el suelo con un sonido inexistente… pero perceptible.

Su cabello cenizo estaba recogido en una cola baja hacia un lado con impecable elegancia. Sus ojos rojos, intensos como sangre antigua, con pupilas alargadas, atravesaban más de lo que miraban. Sus cuernos, más grandes que los de Zhakar, se curvaban hacia atrás con majestuosa precisión.

Zhakar lo miró primero.

Siempre lo miraba primero.

— Convocas con violencia — dijo Lysara, su voz duplicándose en eco —. Eso indica temor.

Zhakar giró hacia ella con brusquedad.

— Indica urgencia.

Vaereth cruzó los brazos.

— El equilibrio tiembla. Lo sentí.

Azael no habló. Observaba.

Eso irritaba más que cualquier palabra.

Zhakar dio un paso al frente.

— El cielo ha intervenido. El Custodio del Alba ha descendido.

Silencio.

Azael inclinó apenas el rostro.

— Lo sé.

Su tono fue sereno. Demasiado sereno.

Zhakar apretó los dientes.

— Entonces sabes lo que significa.

— Significa que el juicio comenzó antes de lo previsto — respondió Azael con absoluta calma.

— ¡Significa que la humana está avanzando!

Lysara ladeó la cabeza.

— La portadora del Lirio.

Vaereth murmuró:

— La convergencia de profecías.

Zhakar giró hacia los tres.

— Exijo permiso para entrar al plano humano.

El silencio fue inmediato.

Denso.

Azael apoyó ambas manos sobre el bastón con elegancia impecable.

— No.

Una sola palabra.

Sin elevar la voz. Sin emoción.

Zhakar sintió la negativa como una bofetada.

— No tienes autoridad absoluta sobre los umbrales — gruñó.

Azael lo miró.

Y sonrió apenas.

No amplia. No exagerada.

Sutil. Peligrosa.

— Soy el Custodio de los Umbrales — respondió con suavidad perfecta —. Así que sí.

Vaereth intervino:

— Si la humana despierta por completo, la fractura podría expandirse.

Lysara agregó:

— Su resonancia ya está alterando emociones en múltiples planos.

Zhakar extendió los brazos.

— ¡Exactamente! ¡Eso es lo que intento evitar!

Azael inclinó apenas la cabeza.

— ¿Evitar?

Un segundo de silencio.

— ¿O controlar?

El tono fue suave. Pero cargado de conocimiento.

La tensión subió como una marea oscura.

Zhakar dio un paso brusco.

— Si entro al plano humano, puedo eliminarla antes de que—

El bastón de Azael golpeó el suelo de cerámica.

El sonido fue agudo y potente.

Suficiente para congelar el aire.

— No terminarás esa frase.

Zhakar lo miró con furia abierta.

Azael sonrió nuevamente.

Esta vez sí hubo burla elegante.

— ¿Tienes miedo de que ese ángel te venza?

El silencio se volvió afilado.

— ¡NO LE TEMO A UN CUSTODIO! — estalló Zhakar.

El salón vibró.

Azael no se movió.

— No hablaba de Aurelion.

Zhakar se quedó inmóvil.

— Hablaba de él.

El nombre no fue pronunciado.

No hacía falta.

Y entonces ocurrió.

No fue decisión de los Primordiales.

Fue el propio tejido del equilibrio el que respondió.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.