— Estamos presenciando el inicio de una nueva era.
El viento recorrió el jardín.
Y en algún lugar lejano, la oscuridad ya estaba despertando.
La media noche había caído sobre la casa con una calma engañosa.
El verano respiraba en silencio afuera.
El aire tibio apenas movía las hojas del jardín.
Dentro, todos dormían o intentaban hacerlo.
Pero el equilibrio… no descansaba.
El primer temblor fue leve.
Un crujido en las paredes.
Una vibración breve en los cristales.
Luego vino el segundo.
Más fuerte.
Las ventanas sacudieron sus marcos con violencia repentina. Las lámparas tintinearon. Un cuadro cayó en el pasillo.
Y en la floristería conectada a la casa…
las flores se marchitaron por un segundo.
Solo uno.
Luego recuperaron su color como si nada hubiera pasado.
Pero ya era demasiado tarde.
Elías despertó sobresaltado.
Abrió los ojos de golpe, incorporándose en la cama mientras una presión helada atravesaba el ambiente.
Lo sintió antes de entenderlo.
El sello.
Corrió una mano por su rostro y se puso de pie de inmediato.
— No… — murmuró, con respiración agitada. — No puede estar atravesando el sello.
Salió del cuarto sin perder un segundo.
En otras habitaciones, puertas comenzaron a abrirse.
Alice apareció primero, aún medio dormida, buscando con la mirada.
— ¿Qué fue eso?
Adrián salió detrás de ella.
— ¿Tembló la casa?
Chloe abrió su puerta con expresión asustada.
Sam salió despeinado, completamente confundido.
Iván ya estaba despierto y alerta.
Más al fondo del pasillo, Nyra observaba por una ventana hacia el patio trasero con una calma escalofriante.
No hubo sorpresa en su rostro.
Solo atención.
Aurelion ya caminaba hacia el patio trasero, con calma y elegancia
Su mirada estaba dirigida hacia el patio trasero donde estaba Kael.
— Kael.
…
Arlina en cambio, que ya estaba despierta desde antes se estaba agitando más y más, presionaba su pecho con su mano, con un dolor.
Como si alguien hubiese pronunciado su nombre desde adentro.
No sabía qué ocurría. Solo sabía una cosa.
Kael.
Corrió desde su pequeña terraza y bajó las escaleras sin escuchar a nadie.
Abrió la puerta trasera y salió al jardín.
Lo encontró de inmediato.
Kael estaba de rodillas sobre la tierra húmeda.
Una mano enterrada en el suelo. La otra sujetando su pecho.
Respiraba con dificultad.
Sombras espesas temblaban alrededor de su cuerpo como humo vivo.
Marcas negras subían por su cuello, latiendo bajo la piel.
— ¡Kael!
Arlina corrió hacia él.
— ¡No! — intentó advertirle con voz rota.
Ella no se detuvo.
Se arrodilló frente a él y lo tocó del brazo.
Y el jardín explotó.
Una onda de oscuridad salió disparada desde Kael, golpeando el aire con fuerza brutal.
Arlina fue lanzada hacia atrás varios metros.
Cayó entre la hierba con un jadeo.
Kael gritó con desesperación.
— ¡NO ME TOQUES!
El silencio que siguió dolió más que el golpe.
Porque ambos entendieron lo mismo.
No quiso herirla.
Quiso alejarla.
Las puertas de la casa se abrieron detrás.
Todos salieron al jardín.
Y vieron.
Por primera vez… realmente vieron.
Kael levantó apenas la cabeza.
Sus ojos ya no eran normales.
Oscuridad total.
Sin iris.
Sin pupila.
Solo vacío negro.
Sombras emergían de su espalda como alas incompletas.
El aire alrededor descendió varios grados.
La tierra bajo sus rodillas comenzó a agrietarse.
Chloe abrió los ojos como un plato
Sam quedó paralizado.
Alice reaccionó de inmediato, colocándose frente a Adrián.
Él quiso protestar.
No pudo.
Iván dio un paso adelante.
No entendía nada.
Pero no retrocedió.
Elías salió último.
Y cuando vio las marcas del pacto activándose…
su expresión cambió.
— Zhakar… — murmuró.
Kael apretó los dientes con un gruñido ahogado.
Su cuerpo temblaba violentamente.
Una voz empezó a filtrarse entre su respiración.
Doble.
Distorsionada.
No completamente suya.
— Aún… eres… mío…
Kael golpeó el suelo con el puño.
El jardín se estremeció.
— ¡CÁLLATE!
Entonces Aurelion avanzó.
Sin prisa. Sin miedo.
Su presencia trajo una calma que contrastó con el caos.
Extendió una mano.
Círculos de luz antigua aparecieron alrededor de Kael, elevándose como anillos suspendidos.
Las sombras retrocedieron apenas.
No por derrota. Por resistencia.
Aurelion habló con firmeza absoluta.
— Resiste.
Kael respiraba entrecortado.
Las venas negras avanzaban por sus brazos.
— Esto no eres tú.
Kael gruñó.
Las sombras intentaron romper el círculo.
Pero por primera vez…
alguien no lo miraba como monstruo.
Lo miraba como alguien luchando.
Arlina se puso de pie tambaleándose.
Tenía lágrimas en los ojos.
— Arlina, no — dijo Elías.
Ella no escuchó.
Caminó directo hacia Kael otra vez.
Todos contuvieron la respiración.
Aurelion la miró un segundo.
Y no la detuvo.
Arlina llegó hasta él.
Se arrodilló frente a Kael temblando.
Tomó su rostro entre ambas manos.
La oscuridad vibró.
Las sombras reaccionaron.
Kael quiso apartarse.
Ella sostuvo más fuerte.
Y con voz quebrada dijo:
— Mírame. — Su voz sonó quebradiza.
Kael forcejeó.
Los ojos negros temblaron.
Las marcas latieron con violencia.
Luego…
algo cedió.
La oscuridad retrocedió lentamente desde sus pupilas.
La respiración de Kael se quebró.
Volvió a verla.
A ella.